| Editoriales en contexto |
| Entrevista a Malena Rey, editora de Caja Negra |
| Grupo Luthor |
| Malena Rey es Licenciada en Letras por la UBA. Actualmente, trabaja como editora en Caja Negra y como periodista cultural en Cenital y en el podcast Algo Prestado. Además, fue editora en la revista Los Inrockuptibles, columnista en Futurock y entrevistadora en el ciclo Conversaciones en el Malba. En esta entrevista, nos cuenta un poco sobre el sistema editorial. |
¿Cómo fue tu recorrido profesional desde tu formación universitaria hasta tu lugar actual en la editorial? ¿Qué decisiones o momentos clave recordás?
Durante mi formación en la carrera de Letras ya trabajaba en el ámbito editorial. Entré a la primera editorial a los 23 años y desde entonces me mantuve siempre activa en el sector. Cuando Caja Negra comenzó su camino en 2005, ya conocía a Ezequiel Fanego y a Diego Esteras, sus directores editoriales, y en 2007 me sumé al proyecto de manera bastante natural. Desde entonces fui ocupando distintos roles dentro del equipo. Un primer punto de inflexión del proyecto fue la decisión de tener un espacio propio de trabajo: hasta ese momento funcionábamos de manera informal, reuniéndonos en bares o en casas, por fuera de nuestros horarios laborales. El segundo gran momento llegó cuando resolvimos que Caja Negra se convirtiera en nuestra actividad principal. Ahí empezó un proceso de profesionalización más claro y sostenido. Como en toda editorial independiente argentina con más de dos décadas de trayectoria, el recorrido está marcado por una gran cantidad de pequeñas y grandes decisiones. Y también por cierta flexibilidad permanente para adaptarse a las crisis y cambiar de plan. Una de las decisiones más acertadas fue el lanzamiento de la colección Futuros Próximos en 2014, que impulsó el crecimiento de la editorial hacia una dirección nueva, hasta entonces inexplorada. Eso expandió el universo de lo que nos interesaba publicar y nos convirtió de a poco en interlocutores de otro tipo de lectorxs más atentos a los nuevos lenguajes de la teoría, la filosofía y la tecnología. Como editores, el proyecto de Caja Negra implica asumir que lo que hacemos no es sólo un trabajo, sino también un modo de vida. A una editorial la conforman un montón de personas, cada una con sus sus deseos, sus frustraciones. Tratamos dentro de lo posible que Caja Negra signifique para quienes la hacemos un lugar de crecimiento, un espacio para volcar inquietudes y para investigar. Y por otro, también, nos propone un desafío por reinventarnos, mutar en sintonía con la época, con las crisis, con lxs lectorxs y con nosotrxs.
¿Cómo describirías el panorama editorial argentino hoy? ¿Qué tensiones y oportunidades observás a corto y mediano plazo?
Veo un panorama muy activo y con una gran diversidad de propuestas de distinto tipo. También veo una concentración cada vez mayor por parte de los grandes grupos editoriales, pero eso no es nuevo. Lo más potente es el ecosistema de pequeñas y medianas editoriales independientes cada vez más profesionalizadas, y el entusiasmo de quienes a pesar de la coyuntura arriesgan lo que tienen para armar de cero una editorial. Ayuda también que haya una red tan importante de librerías.
Caja Negra nació de los debates y de los espacios de encuentro post-2001, por lo que empezamos en un momento crítico, con el mercado argentino fracturado, y nos conocimos en espacios de activismo contracultural. De ahí viene la voluntad de crear ámbitos de trabajo en los que pudiéramos conducirnos con nuestras reglas, y a lo largo de los años eso genera una comunidad de lectorxs muy fiel, que comparte estas mismas preocupaciones. Hoy por hoy la tensión creo que pasa por entender quiénes serán lxs lectorxs del futuro. ¿Cómo vamos a formar nuevxs lectorxs? ¿Qué estamos haciendo para que lxs niñxs y lxs jóvenes que nacieron con una pantalla en la mano elijan el libro impreso como tecnología decisiva para la emancipación y el pensamiento crítico? Es un momento difícil, porque nos gobierna una ultraderecha que denosta y ataca la cultura, y que la viene desfinanciando brutalmente. Así y todo, espacios como la Feria de Editores nos aglutinan y nos demuestran que no estamos solxs para pensar alternativas o para resistir con nuestro trabajo. También necesitamos recuperar políticas públicas que pongan al libro en escena como las compras estatales, los enlaces entre editoriales y bibliotecas populares, el financiamiento para visitar ferias del interior del país, etc.
¿De qué modo dialogan entre sí los sellos independientes argentinos? ¿Considerás que forman parte de un sistema editorial compartido?
Sí, sin dudas formamos parte de un mismo sistema y en nuestro caso el diálogo es permanente con otrxs colegas. Nos tenemos muy en cuenta a la hora de tomar decisiones específicas, nos consultamos cuestiones puntuales, incluso compartimos espacios como el stand colectivo Los Siete Logos en la Feria del Libro de Buenos Aires hace ya once años, o la distribuidora Coma Cuatro. Juntarnos nos permite no solo compartir costos, sino también expandir nuestra visibilidad, entender mejor qué dificultades atravesamos como sector y buscar opciones y respuestas colectivas. En mi experiencia, quienes estamos detrás de los sellos independientes argentinos somos solidarixs con otrxs colegas, incluso con lxs más jóvenes que están empezando. El diálogo siempre está abierto. Tenemos una gran confianza en el libro como una herramienta de activismo en el cual vamos a encontrar ideas para salir de esta situación.
¿Qué criterios curatoriales aplican para incorporar títulos a la colección Futuros próximos? ¿Cómo evalúan desde la editorial la circulación y apropiación que generó esta colección en los últimos años?
Con Futuros Próximos, nuestra tercera colección, dedicada al ensayo contemporáneo, fuimos a la búsqueda de un tipo de escritura intelectual pero no académica, incluso con ciertos elementos pop, que proponga nuevos conceptos para pensar lo que ya se percibía como un mundo que se alejaba del siglo XX y sus coordenadas. Nos propusimos publicar ensayos contemporáneos que vayan armando un repertorio de recursos críticos para pensar el siglo XXI. Creo que en ese momento, allá por 2014, tomamos conciencia de que queríamos producir novedad, acercar conceptos nuevos y abordajes originales para diagnosticar un tiempo de cambios acelerados. Así llegaron autores como Hito Steyerl, Mark Fisher, Éric Sadin, Bifo Berardi, Sara Ahmed, Yuk Hui, y muchxs otrxs a la editorial. La colección, que ya tiene más de 70 títulos, es una especie de laboratorio de producción contemporánea. Nos interesa reflejar posturas diversas sobre la inteligencia artificial, la tecnologización de la vida cotidiana y las mutaciones de la subjetividad, la estética y afectividad queer o la crisis ambiental, y los criterios de edición van variando. A veces alguien nos acerca una propuesta o un tema y nos ponemos a buscar, a veces surgen intereses en base a lo que vemos en la Feria de Frankfurt o revisando catálogos extranjeros, a veces otrxs autorxs nos recomiendan nuevos nombres. No hay un único criterio pero sí mucha conversación en el equipo a la hora de decidir qué contratar y qué rechazar.
La circulación y la apropiación por parte de la comunidad de lectores no deja de sorprendernos. Es una gran responsabilidad también, porque muchas veces publicar por primera vez a alguien en nuestra lengua implica un trabajo muy fino de traducción de conceptos, de instalación pública de una nueva voz. Y ver que eso tiene sus frutos y que después quienes escriben viajan a presentar sus libros en otros ámbitos, o que los libros forman parte de bibliografías de materias de distintas disciplinas, es fascinante. Futuros Próximos reúne a autorxs de distintas nacionalidades y lenguas, pero lo que a nosotrxs nos interesa puntualmente es que las discusiones o los temas que abren estos libros puedan permear nuestro contexto, nos ayuden a abordar críticamente nuestros problemas más concretos. Y a veces lo logramos.
Mark Fisher ha tenido una recepción notable en la Argentina: ¿qué explicaciones darías para ese entusiasmo?
Es uno de nuestros autores más importantes. Nos abrió un campo muy diferente de intervención cultural, política y académica. Que se empiece a hablar de “realismo capitalista” para interpretar ciertos hechos fue muy contundente. Su manera de hacer converger la crítica de la cultura pop con sus posiciones políticas y filosóficas, sin ningún tipo de esnobismo, tiene mucho que ver con los intereses y consumos de las nuevas generaciones, y de ahí creo que viene cierta sintonía. Fisher nos ayudó a entender que la subjetividad en el capitalismo se había transformado de manera radical y que las infraestructuras tecnológicas habían mutado de manera significativa. Él sostenía que el capitalismo es todo menos un orden natural inevitable: la precarización del trabajo, la intensificación de la cultura del consumo, la expansión de los mecanismos de control social y el aumento de los padecimientos mentales no son “errores” del sistema, sino el intento de bloquear toda capacidad colectiva de transformación. Fisher pensaba la cultura con auténtica curiosidad, y el hecho de haber traído a la conversación la depresión como un padecimiento colectivo producto de la intensificación capitalista también nos ayudó a abrir los ojos. Su suicidio fue un hecho muy triste y contundente. Nos enorgullece mucho ser sus editores. Y lo último que publicamos de él fueron sus clases, el curso que estaba dando en Goldsmiths antes de terminar con su vida. Es muy interesante leerlo también en el rol de profesor.
En el catálogo de Caja Negra conviven textos literarios y textos filosóficos: ¿cómo pensás la relación entre ambas colecciones?
Uno de los impulsos iniciales de Caja Negra tenía que ver con producir un encuentro entre distintas áreas de la creación cultural, la música, el cine, la literatura, y no trabajar tanto a partir de las fronteras entre temas o géneros. Había algo en la idea de colección que nos resultaba restrictivo y de hecho nuestra colección inicial, Numancia, es difícil de definir porque reunía gustos, caprichos. Con el tiempo, las colecciones se volvieron espacios de investigación y a partir de ahí empiezan a gestarse proyectos que se convierten en libros. En el equipo de Caja Negra pensamos a la editorial como un artefacto específicamente contemporáneo. Nos interesa editar en tiempo real con diálogo con los problemas del presente. Eso tiene una primera manifestación con la colección Futuros próximos, y un segundo capítulo con Efectos colaterales, la colección en la que intentamos abrir un espacio de investigación de la ficción contemporánea. Siempre pensamos las cuatro colecciones de la editorial interconectadas más allá de los géneros a los que pertenezcan los libros que elegimos publicar. Los lectores van armando con nosotrxs un mapa de asociaciones.
¿De qué manera creés que las publicaciones de la editorial inciden en el campo literario argentino contemporáneo?
La edición fue siempre un diálogo con un contexto, ya sea con un rescate del pasado o con un libro producido contemporáneamente. Por eso nos parece clave qué pasa con el libro después de que se publica, cómo interactúa con determinados colectivos, qué otra gente está pensando en las cosas con las que el libro dialoga.
Trabajamos para lectorxs para los cuales los libros son bienes de primera necesidad. Ese es el modo de defendernos en contextos difíciles, que por otra parte son una norma en Argentina y ahora están especialmente intensificados. Desde Caja Negra atendemos en especial a la programación cultural. Hay personas en el equipo tanto en Argentina como en España pensando actividades a partir de las publicaciones, forma de activar los textos en nuevos contextos. Desde muy temprano fue clave para nosotrxs generar sinergia con instituciones y proyectos culturales afines y generar acciones a partir de libros puntuales. Y cuando hablamos de redes o de alianzas, van desde la complicidad de lxs librerxs o periodistas, hasta lxs artistas o instituciones como ferias, embajadas, museos, universidades o institutos culturales. Nuestro trabajo no termina cuando el libro llega a la librería, sino que se continúa para propiciar la conversación en la que el libro va a insertarse, y por eso es tan importante el vínculo con otros actores. No nos gusta hacer las cosas solxs. Sin esa red de alianzas no habríamos podido generar un montón de acciones o haber traído al país a autores como McKenzie Wark, Boris Groys, Luis Carlos Barragán Castro, Paulo Tavares o Éric Sadin, por mencionar solo algunxs autorxs de los que vinieron estos últimos años.
Es difícil para nosotrxs medir “la incidencia” del proyecto estando tan adentro. Pero fue muy fuerte en este sentido nuestro festejo de 20 años, que tuvo lugar en Deseo el 15 de noviembre de 2025. Ahí dimensionamos que las 1200 personas que pasaron por el lugar se sentían de algún modo parte de una misma comunidad, de una misma trama. Elegían pasar su tiempo libre con otrxs, escuchando a Lucrecia Martel o a Simon Reynolds. Lo que nos convocaba eran todos los libros que habíamos publicado a lo largo del tiempo.