Postales de un campo en mutación
Entrevista a Martín Castagnet
Grupo Luthor
Martín Felipe Castagnet (La Plata, 1986) es autor, traductor y doctor en literatura por la Universidad de La Plata. Publicó las novelas Los cuerpos del verano (2012) y Los mantras modernos (2017) y el ensayo Unos ojos recién inaugurados (2023). Su último libro de investigación es Minotauro, una odisea de Paco Porrúa (2023), dedicado a la legendaria editorial argentina de ciencia ficción y fantasía. En esta charla, disecciona los mecanismos de consagración actuales —del prestigio de la traducción al ruido de los algoritmos— y analiza por qué la ficción especulativa es hoy la radiografía más precisa de nuestra sociedad

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¿Cuáles son a tu juicio los mecanismos de validación o reconocimiento más importantes de la literatura argentina en las últimas décadas, y cómo inciden en la forma en la que se escribe y lee?

La validación nunca es inequívoca y siempre procede de varias instancias que suelen darse al mismo tiempo. Cada lector le da más valor a un mecanismo que a otro, y quizás no coincidan pese a sí coincidir en la valoración general del libro.

En lo personal, valoro mucho las traducciones a otros idiomas (la llamada extraducción) y las reediciones: en ambos hay un movimiento mucho más arriesgado y para nada gratuito que se distingue mucho de sumar un libro inédito; el rescate es un valor palpable y difícil de falsear. Por supuesto, se suman a otros mecanismos que solemos respetar: formar parte de un catálogo orgánico y de un sello que tenga lectores propios; ser objeto de reseñas y entrevistas; ser adaptado a cualquier otro lenguaje; recibir premios a la obra o al autor, sean transparentes y legítimos o no, como aquellos que solo premian a los ya consagrados; y el mecanismo más importante de los menos importantes: pegar una buena portada. Hay algunos más nuevos, como ser elegido como libro del mes dentro de un club literario, y otros más viejos, como ser elegido dentro de un programa secundario o universitario.

Mientras tanto, la crítica literaria existe en su esencia mínima y es cada vez más breve; entre los que respeto y busco están Otra Parte y Bazar Americano. La literatura contemporánea casi no tiene lugar en la escritura académica y cuando lo hace está encapsulada, en un discurso frío disfrazado erróneamente de rigor (nos enseñan a escribir de manera opuesta a los autores que nos enseñan a leer), que lo hace pesado de leer y lo encapsula en las fronteras de los coloquios y revistas especializadas. Sí me parece más relevante la inclusión de obras actuales en los programas de las materias, incluso (sobre todo) cuando no hay bibliografía crítica que los acompañe.

No creo que los ejemplares vendidos funcionen del todo como mecanismo de consagración, porque con el éxito automáticamente una buena porción de los lectores se pone a la defensiva. La verdad es que tengo más preguntas que respuestas. ¿Se puede estar consagrado si se vende poco, más allá de cumplir con los demás indicadores? ¿Es la viralización un mecanismo de consagración? ¿Es por el contrario el secreto a voces un mecanismo de consagración? ¿Participar en todos los festivales, antologías, etc., es un mecanismo de consagración o una demostración de networking en funcionamiento? ¿Es una forma de consagración vivir efectivamente de la escritura (regalías, pero también talleres, correcciones, tutorías)? ¿Es una forma de consagración si incluye solo al circuito que lee libros, o para que sea auténtico debe necesariamente salir de ese círculo?

Históricamente buena parte de la discusión sobre literatura se daba en el marco de las revistas de crítica literaria. Hoy las redes sociales tienen un rol muy significativo. ¿Cómo considerás que afectan la manera de pensar y producir literatura?

Ahora hay más difusión, aunque no queda lugar para el análisis. Las redes anuncian las novedades, tanto las editoriales como los lectores; trazan un mapa de referencias, una premisa, dos o tres ejes, la identidad del autor. Pero no mucho más. Tendría que haber espacios donde no corra la ley del spoiler; como aplica en todas partes, no se discute en ninguno.

Me interesa mucho la crítica en lugares como Goodreads. Si bien las reseñas de determinados libros del circuito comercial ya están cooptadas por las editoriales que les regalan ejemplares de prensa a divulgadores, son en el fondo una minoría. Por lo general los comentarios son de usuarios sinceros (si dejamos de lado las calificaciones por estrellas, que al no tener un criterio en común genera imposibilidades como libros de Dostoievski con una o dos estrellas). Quizás eso pasa porque Goodreads es una red social sin pretensiones, con la interfaz desactualizada, que Amazon compró simplemente para acaparar el sistema y que no quede en manos de la competencia. Al igual que pasa con Tumblr, sigue siendo interesante porque lo que postee un usuario no sale de ahí, no causa olas, no existe el feedback necesario como para generar mociones de censura si alguna opinión no concuerda con las esperadas. En otras redes como Twitter o Instagram hay mucho miedo de no concordar, o muchas ganas de polemizar, y esos extremos por lo general no ayudan a desarrollar lecturas interesantes, aunque sí para compartir las notas interesantes de las pocas revistas de crítica literaria que quedan.

Necesariamente todo esto tiene un efecto, aunque no podría precisar cuál. El panorama es claro: la mayoría de los lectores también quiere escribir, al punto de que a veces parece que hay más autores que lectores. Sería importante que los libros escritos en Argentina se extiendan por fuera de sus circuitos habituales, pero es difícil sin el acompañamiento de ciertos agentes de la cultura y cuando el precio de los libros los está transformando en objetos de lujo. Creo que los jóvenes de hoy (de los que de pronto ya no soy parte) o leen mucho o no leen nada. Quizás los que leen no lo hacen en papel, quizás no leen necesariamente libros, pero es un mundo atravesado por la lectura y también por la oralidad, la imagen y la creatividad: fanfiction, podcasts, audiolibros, historietas; lo que llamamos literatura continúa mutando y venciendo.

Hablamos de ciencia ficción, new weird y ficción especulativa en general. ¿Cómo pensás que estos géneros interactúan con la situación política, económica y social de Argentina en la última década?

Los géneros especulativos en Argentina nunca giraron sobre el discurso científico sino sobre la realidad social, en parte porque no se impuso la ciencia ficción dura que tanteaban algunas revistas sino la versión más poética y fronteriza que instaló Paco Porrúa con su editorial Minotauro, lo que luego se identificó como New Wave. Entonces no es nada nuevo decir que la ciencia ficción argentina (y ahora también latinoamericana) contemporánea funciona como una nueva clase de realismo, menos apegado a lo que vemos que a lo que imaginamos pero con el mismo criterio de construcción de verosímil y de radiografía implacable de la sociedad en la que vivimos. Somos una de las regiones por las que William Gibson dijo su famosa frase "El futuro ya llegó, solo que no fue repartido equitativamente". Algunos, como Marcelo Cohen, venían haciéndolo de manera constante durante décadas; otros, los más jóvenes, tomaron su antorcha y la de otros colosos como Borges, Oesterheld y Gorodischer. Todo texto interactúa con su contexto, pero nuestra ficción especulativa responde activa y explícitamente a su contexto: no es escapista sino incisiva y no intenta ser conservadora sino revolucionaria. Cabe preguntarnos: ¿y por qué no nos alcanzaba el viejo realismo (que en realidad no es nada viejo pero así lo parece)? Para eso solo puedo dar una respuesta personal pero que se podría extrapolar a mi generación: internet no lograba ser representado de una manera verosímil en una representación realista, se necesitaba "algo más" para sujetar su esencia, quizás porque internet siempre parece estar un paso más allá de nosotros y siempre andamos tratando de alcanzarlo. Por eso me parece tan acertado como natural cuando Michel Nieva, desde nuestro futuro Caribe Pampeano, llega a conceptualizar lo que llama "ciencia ficción financiera" en torno a La infancia del mundo.

Se viene hablando en los últimos años de un auge de géneros históricamente considerados “menores” en la literatura argentina como el horror, la ciencia ficción (y/o el new weird). ¿Por qué pensás que florecen este tipo de géneros y cómo modifican el campo intelectual local?

Tendríamos que considerar primero si los géneros populares (acá en Argentina no podemos hablar de masivos como sí sucede en Estados Unidos) funcionan como géneros menores o no, más allá de consideraciones históricas. Mi respuesta es sí y no al mismo tiempo, a nivel mayoritario o minoritario.

Para empezar, no me parece que sean o hayan sido géneros menores porque siempre se mezcla en la misma bolsa al terror y la ciencia ficción con el fantástico y el policial, cuando estos dos últimos son bastantes prestigiosos en Argentina. ¿El terror de Horacio Quiroga, por ejemplo, no es prestigioso desde hace mucho tiempo? Sí puedo concordar que en la actualidad están floreciendo, pero no que hayan sido realmente menores como lo fueron en otros sistemas literarios. En Argentina el canon literario viene desde hace mucho tiempo ligado a lo siniestro desde espacios no necesariamente realistas; lo especulativo, en sus diferentes fuentes, es una característica propia y muy robusta. La mayor parte de la literatura canónica argentina pertenece de una manera u otra a esos géneros populares; todos sus grandes autores los han practicado, en sus obras más conocidas en muchos casos. Pero también es cierto que el precio a pagar fue no destacar en primer plano la pertenencia a esos géneros, y por tanto quedar fuera de los lazos que entre ellos se fomentan (como se ve en otras latitudes con el desarrollo de una industria dedicada exclusivamente a estos géneros, con convenciones, gremios y premios propios).

Creo que en Argentina existen dos circuitos: el mayoritario, pleno de obras de género siempre que no se subraye o que directamente se esconda esa pertenencia, y el minoritario, donde las obras son leídas y se interrelacionan en primer lugar por su pertenencia genérica. La emergencia de géneros recién estrenados como el new weird funciona tanto por la hibridez que caracteriza a la literatura canónica argentina como por la independencia natural de las novedades, que no cargan con los preconceptos que acompañan a las etiquetas de los géneros populares ya conocidos. Por eso no creo que ahora estén modificando el campo local; lo siguen modificando como siempre lo hicieron.

Ambos circuitos son igual de benéficos; simplemente se establecen diferentes tipos de relaciones con otros libros y autores. Al final del día, siempre termina prevaleciendo la calidad del libro, más allá de dónde se lo quiera ubicar. Si es bueno, eventualmente el libro publicado dentro del circuito del género va a ser rescatado como joya de la literatura, y el libro publicado dentro del mainstream va a ser rescatado como joya del género.

Vos sos traductor y formador de traductores. ¿Cómo ves el futuro de la traducción a corto-mediano plazo? ¿Pensás que la inteligencia artificial va a afectar la traducción literaria?

Sin duda que la traducción, como muchos oficios, está sufriendo transformaciones con la emergencia de la IA. La automatización no es un fenómeno exactamente nuevo: las empresas japonesas ya venían desarrollando software para identificar repeticiones y homogeneizar traducciones técnicas de sus productos de exportación. Sin embargo, de todos los ámbitos la traducción literaria es la que más está a salvo de la automatización por la misma razón que señalaba Todorov: la literatura es por naturaleza agramatical porque siempre encuentra la manera de reformularse (al menos la auténtica literatura, no el slop generado por IA o la mayoría de los volúmenes de "La biblioteca de Babel"). Algo que enseña Márgara Averbach, una de nuestras colegas más estimadas, es la importancia de la lectura instrumental que nos ayuda a saber qué priorizar en cada texto. Bien: una IA es incapaz de hacer esa clase de lectura: está entrenada para predecir la traducción indicada a partir de una serie de parámetros que surgen por mayoría estadística, pero no a priorizar a partir de la misma obra que está leyendo y menos todavía a hacerlo de manera coherente a lo largo de un texto extenso. Tampoco quiero demonizar: el Google Translate, que es una buena herramienta de consulta en caso de dudas como cualquier diccionario o manual, también es IA. Estamos a favor de mejores herramientas, pero el trabajo sigue siendo de los traductores, no de las herramientas.

Por último, una más personal. ¿Qué textos/autores argentinos/as de la última década (aproximadamente) te parecen especialmente interesantes?

Desde hace quince años estoy esperando que se reedite Varadero y Habana maravillosa de Hernán Vanoli, cuatro cuentos perfectos que como editor de revistas y docente me encargué de que encuentren otras formas de circulación. Como editor trabajé dos que siento que representan un camino: La sombra de las ballenas de Cynthia Matayoshi y El museo de la memoria humana de Valentino Cappelloni; ojalá que alguien lea esta entrevista y quiera leerlos. También, dentro del maravilloso y de lo sorprendente, De los potrillos nacen ríos de Sofía de la Vega, y Tres cuentos espirituales del maestro Pablo Katchadjian. Las novelas de Roque Larraquy y los cuentos de Manuel Cantón. La obra entera de Luciano Lamberti, que desde el último cuento de El asesino de chanchos nos metió en una realidad más densa ¿Y quién soy yo para recordar lo magistral que es Distancia de rescate? Pero a veces el consenso no importa, igual hay que decir: esa obra es verdaderamente la mejor de todas.