Aproximaciones a la historia de la Teoría Literaria en la carrera de Letras de la UBA

Parte II (1947-1966)

por Gustavo Riva, Juan Manuel Lacalle

Esta segunda parte de la investigación sobre la enseñanza de teoría literaria en la carrera de Letras de la UBA cubre el período de 20 años comprendido entre 1947 y 1966. Nuestro propósito es analizar los programas de la materia “Introducción a la literatura” durante ese arco temporal con el objetivo de bosquejar una historia de la enseñanza y una aproximación teórica a los fenómenos literarios en esta institución. Para ver más detalles acerca de nuestros objetivos y metodología, los remitimos a la primera parte de la investigación.

El hecho más relevante del período es el decreto presidencial del 22 de noviembre de 1949 que dictaminaba que todas las Universidades Nacionales serían gratuitas. Hasta el momento el estudio universitario era arancelado y, a partir de allí y hasta el día de hoy, se conmemora el “Día de la gratuidad de la enseñanza universitaria”. Esto permitió la masivización de la Universidad que repercutió con el transcurso de los años en cada carrera. En el caso de Letras, y específicamente de la teoría literaria, en 1958 se crea una segunda cátedra de "Introducción a la literatura para atender la demanda estudiantil cuantitativamente superior. Tomamos, entonces, el año en que por primera vez se dictan dos cátedras de “Introducción a la literatura” como eje vertebrador de las dos partes de esta entrega. Asimismo, la coexistencia de dos cátedras que ofrecieran la misma asignatura permitió la multiplicidad de enfoques teóricos. Durante estos veinte años estarán a cargo de la materia, en orden cronológico: Augusto Cortina, Raúl Castagnino, José María Monner Sans, Ana María Barrenechea y Delfín Garasa. Damos por finalizado nuestro análisis en el año 1966, cuando Barrenechea renuncia a su cargo como consecuencia de la Noche de los Bastones Largos. [1]

1. 1947-1957: Augusto Cortina y Raúl Castagnino.

Entre 1947 y 1949 Augusto Cortina se hace cargo de “Introducción a la literatura” con un programa que oscila entre el medievalismo y el hispanismo. En el corpus propuesto se observan títulos como el Poema del Mio Cid, el Cantar de Roldán, Los Nibelungos (para trabajar con el género de la epopeya), el Libro de Buen Amor (para analizar la autobiografía), el Libro de Patronio (en tanto ejemplario). Además, en repetidos apartados se propone trabajar con evoluciones de tipos o motivos literarios y poéticos (para ejemplificar, con diversas versiones del Don Juan). Hacia al final del primer programa se indica que el curso tiene por objetivo estimular vocaciones. Esto evidencia la vigencia y cierta continuidad con el modelo de formación que primaba en la Facultad desde su fundación que otorgaba un lugar tan importante a la composición como al análisis de los textos.

Los dos programas siguientes (1948 y 1949) continúan un esquema enumerativo donde destacan, por un lado, el tratamiento de textos medievales (épica medieval y clerecía y juglaría). Por otro lado, la aproximación al corpus se realiza mediante la articulación de conceptos genéricos (epopeya, fábula, comedia) y estilísticos (conceptismo, cultismo, barroquismo), así como también la evolución de los motivos literarios (la lechera, el Don Juan, el amor lejano y la muerte). En 1949 se agrega un apartado específico para las comisiones de trabajos prácticos que comienza señalando que allí se realizará la “Explicación de textos españoles (vocabulario, peculiaridades sintácticas, valor estético, breve noticia del autor)”.

En 1950 finaliza el período de la intervención y en la década siguiente se producen numerosos cambios institucionales relevantes. En 1952 se sanciona el nuevo Plan que incluye, entre otros cambios, la creación de la asignatura “Literatura Inglesa y Norteamericana”, dos cursos de Literatura Argentina y tres de Literatura Española. Durante la época existe en la Facultad una reflexión dinámica sobre la literatura que se expresa en revistas que surgen en la época como Contorno y Centro [2], ambas en 1952. Por otra parte, en 1958 se efectivizó la departamentalización de las carreras (acompañadas de una Junta conformada por cuatro Profesores, dos Graduados y dos Estudiantes). De esta manera, a partir de allí existió el Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas con su Junta Departamental que sesionó por primera vez 1° de junio de 1959. [3]

Entre 1950 y 1957 Raúl Castagnino (1914-1999) se hace cargo de la asignatura “Introducción a la literatura”. Además de su labor como docente, Castagnino fue miembro de la Comisión de Enseñanza, partidario de modernizar el Plan de Estudios en desmedro del espacio de los estudios clásicos e impulsor de la creación del curso de "Literatura Inglesa y Norteamericana". En tanto escritor tiene una obra prolífica y una trayectoria que culmina en 1982 cuando fue nombrado presidente de la Academia Argentina de Letras (cargo que ocupó hasta su muerte). Muchos de sus textos están abocados a la teoría del arte dramático, por nombrar solo algunos de sus títulos recordemos: Teoría del teatro (1956) Teorías sobre el arte dramático (1969, tomos I y II que comprenden períodos históricos) y Teorías sobre texto dramático y sobre representación teatral (1981). Además, también dedicó gran parte de su producción a la teoría literaria desde un enfoque más general con: Literatura y evasión (1951), ¿Qué es la literatura? Naturaleza y función de lo literario (1954) y Estudiantes de Letras, estudiantes de vida (1959). Castagnino también trabajó como colaborador literario del diario La Prensa y fue Director del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata. Su tesis de 1953 “El análisis literario, introducción metodológica a una estilística integral” se reeditó numerosas veces, fue utilizada para la enseñanza en gran cantidad de universidades y profesorados de América Latina y se tradujo al portugués. Su producción escrita no se encuentra desvinculada de su trabajo como docente. En 1952 titula al programa de “Introducción a la literatura”, anticipando su libro publicado dos años más tarde, con el interrogante ¿Qué es literatura?

En general, sus programas analizan la literatura desde un punto de vista ligado a la estilística y su desarrollo se suele dividir en dos secciones: parte general y parte especial. La primera trabaja con nociones teóricas básicas (géneros, figuras, fondo, forma, estilo) e, incluso, con cuestiones generales de gramática y análisis sintáctico. En la parte especial se tratan distintas “actitudes” hacia la literatura: la “científica” (historia literaria, crítica, nociones de bibliotecología, ecdótica y filología); la “filosófica” (análisis externo e interno, concepto histórico de literatura, lo literario, su función y su naturaleza, la interpretación lúdica y la evasión) y la “individual” (crítica, idea de generación). Un dato curioso es que en el corpus propuesto se incluyen novelas de Julio Verne para analizar la literatura imaginativa de tema científico. No obstante el esquema mencionado, las propuestas de Castagnino se caracterizan por su constante renovación y no por ser una mera repetición de un año a otro.

Tomamos de su propuesta, solo a modo de ejemplificación, el programa de 1950. Allí, la parte general propone trabajar con la lectura, el libro y la crítica literaria (sección que resulta interesante citar completa por sus dualidades): “Contenido, necesidad, sentido. Criterios de fundamentación: dogma y placer; pasión e impresión; comprensión y determinismo; descripción y evolución; biografía y psicoanálisis; simpatía y aversión; relatividad y comparación; recreación y egotismo; mimo y psicohistoria; estadística, filología y estilística”. Más adelante en el programa siguen una serie de puntos sobre la creación literaria: lo lúdico, la composición, el estilo, el plagio y la originalidad, la imitación, las normas (poéticas y retóricas), el influjo del lector, el gusto, las escuelas y movimientos y, nuevamente, el concepto de “generación”. Algunos textos teóricos que se utilizan en la bibliografía son el Prefacio a Cromwell de Victor Hugo e Il futurismo de Marinetti. Continuando con el análisis del programa de 1950, en la parte especial se desarrolla como tema la poesía. El corpus y la bibliografía son muy variados (Poe, Ortega y Gasset, Rubén Darío, Aristóteles, Horacio, Boileau, García Lorca, Lugones, Verlaine). Un dato para resaltar es lo reciente de la bibliografía que se propone para la cursada, dado que prácticamente todos los textos son de la última década.

2. 1957-1966: José María Monner Sans y Ana María Barrenechea

En 1957, José María Monner Sans, quien se desempeñaba desde 1928 ocasionalmente como profesor de “Introducción a la literatura” con cargos diversos (adjunto, suplente o extraordinario), se convierte en profesor Titular de la cátedra y es elegido Decano en 1961. En 1958 se crean dos cátedras paralelas de la materia. Una continuó a cargo de Monner Sans hasta el año 1962 y la otra fue asignada a Ana María Barrenechea. Su incorporación al plantel docente es un hito en la historia de la Facultad y en la enseñanza de teoría literaria. Su abordaje de la literatura implica un cambio de paradigma importante en relación con las cátedras anteriores que, en muchos sentidos, sigue estando vigente. Si los programas hasta la década del ‘50 sorprenden a los lectores actuales por su diferencia radical con lo que hoy consideramos teoría literaria, los programas de Barrenechea ya nos resultan un poco más familiares.

La incorporación de Barrenechea a la Facultad está determinada en parte por factores de política nacional y universitaria. Graduada del Instituto Superior del Profesorado en 1937, enseñó allí y en colegios hasta 1953, año en que es cesanteada a causa de su postura antiperonista. Barrenechea se muda a los EEUU y se doctora con una tesis sobre Borges en el Bryn Mawr College de Pennsylvania. Luego del golpe de Estado de 1955 la Universidad de Buenos Aires experimenta una nueva intervención y se producen cambios importantes de personal. En ese contexto, Barrenechea regresa a la Argentina y es nombrada profesora de “Gramática castellana” (área en la que dejará una impronta acaso mayor que en el estudio de la literatura) y de “Introducción a la literatura”, así como directora del Instituto de Filología. Su ciclo como profesora de la UBA finalizará en el ‘66, año en que renunciará a sus cargos en repudio a los sucesos de la Noche de los Bastones Largos. Regresará a la Universidad en el ‘84, aunque su marca ya había sido dejada por su trabajo en la década del ‘60.

Los programas de la “Introducción a la Literatura” dictados por Barrenechea son sintomáticos de la transformación del modelo de intelectual humanista y escritor propio de los años anteriores y del acercamiento al modelo actual del investigador y teórico literario. En sus programas ya apreciamos el enfoque de problemas teóricos que son pensados a partir del trabajo con los textos. En otras palabras, la teoría literaria comienza a considerarse como un objeto de estudio en sí mismo y no solo como un método para acercarse a los textos literarios. El hecho de que Barrenechea sea también una especialista en gramática y lingüística también influye en su aproximación a la literatura. La época en que dicta la materia “Introducción a la literatura” coincide con el momento en que trabaja desde la gramática estructural abandonando la perspectiva estilística, heredada de sus maestros Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña y que se apreciaba aún en su tesis de doctorado (cf. Menéndez, 2013: 19). A pesar de no citar teóricos literarios estructuralistas (el estructuralismo francés apenas comenzaba a desarrollarse por esos años), la influencia del estructuralismo lingüístico en la aproximación de Barrenechea a la literatura es clara. En sus programas hay referencias a conceptos como “lo diacrónico y lo sincrónico”, la “función significativa”, “la organización o estructura de la obra: distinción entre los diversos niveles de organización del lenguaje y del mundo”. Por otra parte, podemos trazar una influencia un poco más general, pero tal vez más determinante: así como la gramática estructural toma el lenguaje como objeto de estudio y las oraciones concretas le sirven solo de ejemplos, lo mismo sucede en la teoría literaria que toma la literatura como objeto y las obras particulares como ejemplo. Como dice el programa de 1961: “Los profesores y los jefes de trabajos prácticos ejemplificarán los puntos teóricos con el comentario de obras elegidas entre la siguiente lista de autores. Los alumnos deberán conocerlas y además seleccionarán individualmente (previa consulta) otro número igual de obras dentro de la misma lista, para realizar un trabajo paralelo.” El objetivo del curso es que los estudiantes conozcan una problemática teórica y que luego puedan aplicar esas reflexiones al análisis de obras literarias concretas.

Muchos programas de Barrenechea están divididos en una sección sobre narrativa y otra sobre arte dramático (1961, 1962, 1963); la primera dictada por la profesora titular y la segunda por el profesor asociado (Hugo Cowes) [4]. Sobre la segunda baste con decir que hoy en día lo específico del fenómeno dramático no es parte de la teoría literaria sino de la teoría del teatro y desde una perspectiva institucional esto significa que es parte de la carrera de Artes de la FFyL. En la época, sin embargo, lo dramático era visto como uno de los focos principales del análisis teórico-literario, muy vinculado con las artes poéticas. Los programas de Barrenechea, Castagnino, Garasa y Monner Sans en la década del ‘60 le otorgan un lugar central. Se investigaban, también, cuestiones que sobrepasaban el aspecto puramente literario de los textos teatrales y abordaban problemáticas dramáticas, como los actores y el escenario.

En cuanto a la primera parte de los programas de Barrenechea, la narrativa no es pensada simplemente como un criterio para agrupar el tipo de obras a estudiar. El concepto mismo de narrativa es el objeto del curso. Tomemos como ejemplo el programa de 1961. Allí, la narrativa es considerada solo como un fenómeno literario y no se hace referencia a objetos narrativos extraliterarios. Tipos de narrativa serían, en este sentido, “el cuento, la novela, la novela corta.” Los demás ejes temáticos del programa son claramente aspectos propios de un análisis formal del relato: “Problemas de la narrativa”, “El narrador y los modos de narración”, “La actitud del narrador” y “Organización de la materia narrada”. Asimismo, el modelo de la lingüística como inspiración de la narración en tanto acto de comunicación es perceptible; específicamente, el apartado “Problemas de la narrativa” incluye “el narrador, el lector u oyente, lo narrado”. El narrador es justamente el asunto del segundo eje temático que se pregunta por la diferencia entre la figura de autor y la de narrador: “el autor como narrador y el narrador fingido”. Es decir, hay claramente una perspectiva formal e inmanente sobre el problema de la narrativa y los elementos del relato.

Muchos de los temas enunciados en el programa son problemas fundamentales de la narratología, aunque enunciados con una terminología diferente a la que solemos utilizar actualmente. Bajo el concepto de “perspectiva del relato” se tratan algunos problemas que la narratología posterior analizará con gran detalle en los conceptos de “voz” y “focalización” (Genette, 1972), como “el narrador omnisciente y el punto de vista fijo. El monólogo interior; estilo directo, estilo indirecto y estilo indirecto libre.” También el eje temático “Organización de la materia narrada” tiene visos narratológicos: “estructura de la obra. Tiempo y espacio. Posibilidades estructurales del cuento y de la novela.”

Otro de los problemas que se repiten en los programas de Barrenechea es la relación entre los textos ficcionales y la realidad. Su primer programa de 1958 dedica su tercera unidad a la relación entre el “plano de la realidad” y el “plano de la ficción”. El problema de los “personajes autónomos” y una novela paradigmática al respecto, Niebla de Unamuno, ocupan un lugar importante en varios de sus programas. Por su parte, el programa de 1959 está enteramente dedicado a la relación entre la literatura y la realidad. Se interroga, entre otras cosas, por “la selección, la interpretación o la deformación de la realidad en la literatura” y la relación entre “literatura fantástica y realista”. Esta línea de investigación demuestra que Barrenechea no intenta reemplazar las perspectivas tradicionales por una perspectiva puramente inmanente, sino que postula la dualidad del hecho literario: un nivel formal y un nivel histórico interrelacionados. La misma perspectiva dual es aplicada al análisis de los conceptos teóricos que podemos apreciar en varios programas: la sexta unidad de 1958 se titula “Categorías históricas y formas intemporales de estilo” y utiliza el concepto de barroco para ejemplificar esa dualidad; en 1959 se habla del “realismo como denominación de una categoría histórica y de una forma intemporal del estilo”; la primera unidad de 1961 aborda los géneros literarios en su desarrollo histórico-cronológico, pero también como formas intemporales.

En relación con la bibliografía se percibe un cambio importante en los autores incluidos, tanto en los literarios como en los teóricos. En ambos casos predominan textos de la década del ‘40 en adelante. En la bibliografía teórica siguen presentes algunos autores clásicos como Hegel, Croce y Ortega y Gasset, pero también se incluyen contemporáneos que piensan la literatura desde una perspectiva teórica, en buena parte alejada del biografismo y del psicologismo. Entre estos destacan Wolfgang Kayser (Interpretación y análisis de la obra literaria), quien desarrolla una perspectiva inmanente de análisis literario dominante en Alemania durante la posguerra; René Wellek y Austin Warren (Teoría Literaria), referentes del new criticism, Wayne Booth (Rhetoric of Fiction), quien desarrolla la teoría del autor implícito (implied author) [5]. También aparecen autores hoy ya clásicos de la teoría literaria como Maurice Blanchot y Roger Caillois. Recordemos que a principios de los ‘60 el estructuralismo francés recién comenzaba a gestarse y aún no se había redescubierto a los formalistas rusos (el libro de Todorov con las traducciones al francés de los clásicos del formalismo ruso se publica en 1965). En ese contexto Barrenechea incluye algunos de los autores contemporáneos más importantes que piensan la literatura desde una perspectiva inmanente o semi-inmanente.

En cuanto a las obras literarias incluidas en los programas, aumenta en general el número de autores latinoamericanos y de traducciones de autores angloparlantes. En algunos programas, especialmente durante los primeros años, figuran varios escritores españoles importantes como Cervantes, Fray Luis de León, Machado, Salinas, Unamuno, Valle-Inclán. Sin embargo, también se incorporan autores latinoamericanos contemporáneos como Arreola, Azuela y Rulfo. Dos de las inclusiones más importantes son las de Jorge Luis Borges (quien en ese momento era el profesor a cargo de "Literatura Inglesa y Norteamericana" y Director del Instituto del mismo nombre) y de Julio Cortázar, que aún no eran parte indiscutible del canon de la literatura nacional. De todas maneras, el cambio más radical en relación a épocas anteriores es la fuerte presencia de literatura en lengua inglesa traducida al castellano: Henry James, James Joyce, Katherine Mansfield, Edgar Allan Poe, Virginia Woolf. Otros autores cuyos nombres aparecen reiteradamente son Franz Kafka, André Gide y Dino Buzzati.

Mientras tanto, la otra cátedra de “Introducción a la literatura” seguía su propio camino. Entre 1957 y 1962 estuvo a cargo de José María Monner Sans y a partir de 1963 de Delfin Garasa. En esta entrega de la investigación nos limitaremos a considerar los programas de Monner Sans, que siguen sosteniendo una visión de la literatura similar a décadas anteriores. En sus propuestas no hay un problema teórico que recorra el programa, sino que el hilo conductor es la historia de la literatura desde la Grecia Clásica hasta la Vanguardia. Las categorías para aproximarse a los textos provienen principalmente de la retórica y la estilística. Encontramos los conceptos de “asunto”, “concepción”, “fuentes” y “estilo” que contrastan con las nociones de Barrenechea de “estructura”, “función” y “niveles”. El análisis inmanente de Monner Sans se limita casi exclusivamente a aspectos estilísticos, pero lo contextual ocupa un lugar importante. Encontramos, por un lado, el biografismo (“La formación inicial de un escritor. Temperamento y carácter. Medio social e intelectual en que se forma”) y, por otro lado, la relación entre literatura y política (“La profesión de fe político-social en la Joven Argentina durante la tiranía de Rosas. El liberalismo de Echeverría y sus coetáneos”; huelga decir que en el ejemplo se nota claramente el sesgo ideológico de Monner Sans).

La bibliografía teórica sobresale por su absoluta ausencia. Todos los textos mencionados son obras literarias, salvo una mención al Arte poética de Boileau en el programa de 1959, probablemente uno de los textos más citados desde el inicio de la materia en la década del ‘20. Esta ausencia es reveladora de la perspectiva “ateórica” de Monner Sans que parece sugerir que las obras no necesitan de otros textos para su comprensión. Incluso, si en la práctica las nociones teóricas que aparecen en el programa provienen de alguna parte, se crea la ilusión de que son sentido común, verdades básicas sobre la literatura que no necesitan estar unidas a un nombre propio y una historia de las ideas. Por su parte, el corpus literario incluye gran cantidad de textos españoles (Azorín, Becquer, Ortega y Gasset, Zorrilla) y argentinos (Echeverría, Sánchez, Sarmiento, Wilde).

¿Cómo entender la coexistencia de dos propuestas tan disímiles como las de Barrenechea y Monner Sans durante los mismos años en la misma institución? Hemos dicho que la perspectiva de Monner Sans es más cercana a los programas analizados en nuestra primera entrega (1920-1946), mientras que la de Barrenechea es más próxima a la forma actual de pensar la teoría literaria. Sin embargo, esta caracterización temporal y algo teleológica no basta para explicar la diferencia. No se trata tanto de dos temporalidades cruzadas, como de dos paradigmas diferentes para acercarse al hecho literario. Paradigmas cuyo conflicto es en parte intemporal y que se renueva en diversas formas. Para explicarlo podemos remitirnos al término “académico”. Este término se refiere a aquellos que se dedican a estudiar algún tema específico dentro del marco de una universidad y son expertos del mismo. Implica también aquel que sigue métodos contrastables, pues toma parte en una discusión académica sobre el tema. Barrenechea encaró la teoría literaria desde la perspectiva de una académica. Monner Sans, en cambio, es, como dice la Fundación Konex, un “hombre de Letras”. Esto implica que es alguien que incursiona como autor en la literatura (es autor de obras de teatro) y se acerca a su estudio sin poseer una formación específica. Monner Sans había comenzado a trabajar en la FFyL en la década del ‘20 con un título de abogado (recordemos que cuando abrió la Facultad, dada la novedad que implicaba, los docentes que se hicieron cargo del dictado de las clases eran, en gran parte, profesores de la Facultad de Derecho). Asimismo, fue Vicedecano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata (1940-41) y Decano de la FFyL de la UBA (1960-1962). Su título de profesor era emérito. Esta biografía contrasta fuertemente con la egresada del Instituto Superior del Profesorado y Doctora en Letras por una universidad norteamericana, Barrenechea, quien continuamente recuerda a sus maestros Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso. Estos datos biográficos, pensados en relación con la perspectiva teórica de cada uno, resultan esclarecedores. No pretendemos hacer aquí un juicio de valor acerca de la superioridad de un modelo por sobre el otro. Hoy por hoy, la carrera de Letras tiende a formar académicos, aunque no deja de haber ciertos resquicios para que algunos aboguen por perspectivas ateóricas. La tendencia tan extendida hoy en día de pensar la crítica y el ensayo como formas de la literatura, y no sencillamente como un metadiscurso, tiene mucho más en común con la perspectiva de Monner Sans que con la de un académico o una académica.

El aumento de la matrícula en la Facultad y en la carrera de Letras, producto del decreto que establecía la gratuidad universitaria en 1949, permitió el crecimiento en la planta docente y, en el caso de una materia introductoria como “Introducción a la literatura” el desdoblamiento de cátedras y, afortunadamente, la multiplicidad de enfoques. A partir de entonces, y hasta el día de hoy, tendremos vertientes diversas que por momentos se entrecruzarán. Comenzaremos la próxima entrega con el análisis pendiente de los programas de la cátedra a cargo de Delfín Garasa (quien fuera, además, Director del Departamento de Letras durante la última Dictadura militar), para continuar con las primeras apariciones de la asignatura con el nombre de “Teoría Literaria” y ya no de “Introducción a la literatura” hacia fines de la década del ‘60 y comienzos de los ‘70 y finalizar con la reestructuración de la carrera del último Plan treinta años atrás.

Bibliografía

Fuentes:

Los Programas de la FFyL de la UBA entre 1947 y 1966 editados por “Publicaciones de la FFyL” fueron consultados en la Biblioteca Central Prof. Augusto Raúl Cortázar.

A continuación presentamos algunos programas de “Introducción a la literatura” digitalizados a modo de ejemplo:

Cortina:

1947 - 1948 - 1949

Castagnino:

1950 - 1951 - 1952 - 1953 - 1954 - 1955 - 1956 - 1957

Barrenechea:

1958 - 1959 - 1961 - 1962 - 1963 - 1965

Monner Sans:

1958 - 1959 - 1962

Bibliografía secundaria:

Buchbinder, P. (1997) Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Eudeba.

Castagnino, R. (1958) ¿Qué es literatura?: naturaleza y función de lo literario. Buenos Aires: Nova.

Díaz, E./ Rotunno, C. (2003) La construcción de lo posible: la Universidad de Buenos Aires de 1955 a 1966. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

Genette, G. (1972) Figuras III. París: Editions du Seuil.

Link, D. (2012) Una chica del 2000. Publicado en el blog: Linkillo (cosas mías), 4 de abril de 2012. http://linkillo.blogspot.com.ar/200...

Macciucci, R. (2003) “Hugo W. Cowes (1915-2003): In memoriam.” En Olivar, Año 4, Número 4, pp. 251-252.

Menéndez, S. (2013) “Ana María Barrenechea y las teorías lingüísticas: una tensión constante.” En: Exlibris. Revista del Departamento de Letras. Año 2, Número 2. pp. 17-25. http://www.filo.uba.ar/contenidos/c...

Panesi, J. (2013) “Ana María Barrenechea: la deuda.” En: Exlibris. Revista del Departamento de Letras. Año 2, Número 2. pp. 3-9. http://www.filo.uba.ar/contenidos/c...

Notas

[1] Los programas de una de las cátedras de “Introducción a la literatura” dictados por Delfín Garasa entre 1963 y 1966 quedarán para la próxima entrega de la investigación por mantener cierta continuidad con los programas del período siguiente.

[2] La revista Centro era editada por el Centro de Estudiantes de la Facultad. Hasta 1948 el CEFyL había publicado la revista Verbum.

[3] Ese día el flamante Director de la carrera, Julio César Caillet Bois, propone como Secretario Técnico a Rubén Ángel Benítez. Durante aquellos años participan de las Asambleas y reuniones ordinarias de Junta personalidades como Jorge Luis Borges y Jaime Rest.

[4] Hugo Cowes (1915-2001): “Se había formado en la Universidad de Buenos Aires, en el ámbito riguroso del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas "Amado Alonso". Después de la Noche de los bastones largos se trasladó a los Estados Unidos, invitado por la Universidad de Illinois, donde enseñó durante más de diez años en el Departamento de Literatura Española. A su regreso fue profesor en la Universidad del Comahue, antes de iniciar, en 1986, su etapa en la Universidad Nacional de La Plata.” (Macciucci, 2003: 251).

[5] En el programa de 1962 la cita bibliográfica es correcta, mientras que en 1963 el título del libro atribuido a Booth es Anatomy of criticism. Anatomy of Criticism es un libro de Northrop Frye de 1957. El hecho de que en el año 1961 el título sea The Rhetoric of Fiction y que el lugar y año de edición indicados (Chicago, 1961) corresponden al libro de Booth hace pensar que se ha confundido el título.