Aproximaciones a la historia de la Teoría Literaria en la carrera de Letras de la UBA

Parte III (1966-1975)

por Gustavo Riva, Juan Manuel Lacalle

Introducción

En esta oportunidad les ofrecemos la tercera parte de nuestra investigación sobre la enseñanza de la teoría literaria en la carrera de Letras de la UBA. En la primera entrega pueden observar más detalles sobre nuestros objetivos y metodología. Allí nos dedicamos a analizar el período comprendido entre 1920, primer año en que se dictó la asignatura “Introducción a la literatura”, y 1946. Luego, abarcamos la etapa de 1947-1966 en una segunda parte donde percibimos cambios en relación con la masivización de la Universidad y la renovación de los enfoques teóricos (comenzaba a repercutir, en parte, lo que se denominó giro lingüístico). Como siempre, al final del artículo pueden consultar los documentos digitalizados. En esta entrega trabajaremos con programas dictados entre 1963 y 1975. Se trata de una etapa enmarcada por gobiernos dictatoriales pero que presenta, en el lapso democrático alrededor de 1973 y 1974, lo que Leonardo Funes (2009) denominó una primavera interrumpida. Nos gustaría introducirnos en estos años a partir de una frase que nos conecta con el presente. En la Presentación a la publicación de 30 años después, edición de las clases de “Introducción a la literatura” de 1973 y trabajos vinculados, Florencia Saintout y Alfredo Alfonso señalan: “Para estos años, en varias ocasiones, la preocupación por lo popular fue explicada a partir de la imposibilidad de hacer política y también como una aplicación de los cultural studies en sus diferentes versiones”. Quisiéramos interpelar al lector, repensar nosotros mismos, a partir de nuestro presente, invirtiendo esta aserción y tamizar los programas que analizaremos aquí desde la posibilidad de hacer política.

Durante este período continuó la coexistencia de dos cátedras paralelas dictadas en cuatrimestres alternos. Una de estas estuvo a cargo de Delfín Leocadio Garasa entre 1963 y 1975, en condición de suplente de José María Monner Sans. La otra es asumida a partir de 1967, luego de la renuncia de Ana María Barrenechea, por Antonio Pagés Larraya hasta 1971. En los años sucesivos, se producirá una serie de cambios en los docentes a cargo y, por consiguiente, en los contenidos y enfoques teóricos.

Más allá de las diferencias concretas entre los distintos programas existen ciertas tendencias generales. El cambio de paradigma generado por Barrenechea, que analizamos en la entrega anterior, es perceptible. Los programas dedican un espacio cada vez mayor a la reflexión teórica y lo hacen con una terminología influenciada por el estructuralismo y la semiología. En este mismo sentido, el sintagma “teoría literaria” aparece cada vez con más frecuencia, desplazando la pluralidad de nociones con las que solía designarse la reflexión y las herramientas de análisis de la literatura en programas anteriores. En este período comienza a pensarse la teoría literaria como un campo específico de conocimiento, aunque el problema teórico fundamental y más mencionado en los programas es el de los géneros literarios (que estaba presente desde los albores mismos de la materia). En 1969 se discutió un Plan de Estudios, que aparentemente no fue puesto en práctica, que incluía el reemplazo de la materia “Introducción a la literatura” por “Teoría Literaria”, en clara disonancia con respecto al resto de las “introducciones”. Finalmente, en el año 1974 se dicta por primera vez de manera efectiva la materia “Teoría Literaria I”.

Una característica de este período, que podríamos denominar como “de transición” (incluyendo por extensión, probablemente más por inercia que otra cosa, los programas de la última Dictadura, como veremos en la próxima entrega), es que no se percibe ninguna corriente teórica dominante a la hora de analizar los textos literarios. Casi todos los programas hablan de múltiples abordajes posibles. Existen distintas teorías que coexisten y que se pueden utilizar para analizar o resaltar determinados aspectos de un texto literario, que van desde lo contextual a lo más inmanente. Sin embargo, dos tendencias teóricas son claramente las más importantes del periodo. Por un lado, observamos que el marxismo tiene una presencia protagónica en muchos programas. Por otro lado, en estos años hace su aparición el estructuralismo francés y se puede percibir cómo, con el paso del tiempo, va ocupando un lugar cada vez más central.

Otro aspecto a destacar es que los docentes pasados y contemporáneos de la materia forman parte de la bibliografía secundaria. Los profesores no solamente incluyen sus propias obras en la bibliografía, sino también las de sus colegas de la cátedra paralela y las de sus predecesores. Esto da cuenta de que la instancia de enseñanza de “Introducción a la literatura”, y en algunos casos de otras asignaturas, también alentó la reflexión y la circulación de la producción de teoría literaria en el ámbito local. Aquí se intuye la formación de una incipiente tradición de enseñanza de la disciplina. Según nos permite observar la bibliografía, los profesores entran constantemente en diálogo con sus predecesores y con sus colegas. [1] A continuación nos detendremos con más detalle en algunos de los programas.

Delfín Leocadio Garasa

Delfín Leocadio Garasa (1921-1993) fue Licenciado y Doctor en Letras. Su obra incluye textos de ficción y de ensayo. Algunas de sus títulos más destacados son El quehacer literario (1962), Los géneros literarios (1969), Georgy Lukács y las aristas del dogma (1972) y Literatura y sociología (1973). Como deja entrever su producción teórica, la dimensión social de la literatura tendrá un lugar preponderante en su enseñanza. Su primer programa (1963) presenta la estructura básica de cinco unidades que se repetirá posteriormente con ligeras variantes. La primera unidad trata los problemas teóricos más generales, la segunda se aboca a los géneros literarios, la tercera al “género épico o narrativo”, la cuarta al género lírico y la quinta al dramático. La que más nos interesa analizar en detalle en el presente artículo es la primera unidad, pues es la más explícitamente teórica. Específicamente, en el programa de 1963 se focaliza en los siguientes puntos:

“La literatura entre las actividades espirituales humanas. Ámbito y contorno de lo literario. Caracteres de la obra literaria. La ficción literaria. Realismo y fantasía. Medio expresivo de la literatura. El lenguaje literario. El estilo y sus límites. Valores que rigen la creación literaria. Finalidad de la literatura”.

Muchos de estos elementos se repiten en la parte teórica de los subsiguientes programas. El programa de 1965 agrega una segunda unidad también teórica que trata los siguientes puntos: “El análisis literario. Intento de suplir la dicotomía fondo-forma de la obra literaria. Los diversos estratos de la obra literaria: sus elementos lingüísticos y extralingüísticos.” En la formulación de esta unidad ya es claramente perceptible la influencia del estructuralismo en el uso de términos como “fondo-forma” y “estratos” de la obra literaria. En el programa de 1969, la segunda unidad privilegia una mirada ecléctica con diferentes enfoques: “a) biográfico. b) histórico. c) comparativo. d) estilístico. e) estructural.”

En 1971 aparecen por primera vez en los programas de Garasa muchos de los textos que hoy por hoy consideramos obras fundamentales de la teoría literaria. En primer lugar, los libros de Víctor Ehrlich y Tzevetan Todorov sobre los formalistas rusos [2]. Además, figura un libro de Roland Barthes (Le degré zéro de l’écriture [1953]), autor que cada vez ocupará un lugar más central. También aparece Umberto Eco (La struttura assente [1968], Introduzione alla ricerca semiologica [1968]). Por otro lado, la crítica marxista también ocupa un lugar importante. En la bibliografía encontramos a Gramsci, Marx y Engels pero, sobre todo, a Lukács. La segunda unidad del programa de 1971 deja en claro la coexistencia de estos diversos paradigmas junto a otros más tradicionales: “Distintos criterios de abordaje al hecho literario. El enfoque histórico-social. El enfoque biográfico-psicológico. El enfoque estilístico. El enfoque formalista. El enfoque estructural. El enfoque semiótico.”

Antonio Pagés Larraya

Antonio Pagés Larraya (1918-2005) poseía una formación especializada en literatura argentina y compuso numerosos libros de teatro, ensayo y poesía. Su programa de 1967 enumera diversas perspectivas de abordaje a la literatura (“filosófica, lingüística, sociológica y psicológica”). A pesar de esa aparente variedad, todas las perspectivas enumeradas privilegian un acercamiento que llamaríamos “no inmanente”. Los problemas más detallados son los ligados a la representación y la sociología de la literatura (por ejemplo, “condicionamientos histórico-culturales de la creación literaria” y “el libro y el autor en la sociedad masiva”).

En el programa de 1970 se percibe la influencia de la semiología. La primera unidad plantea los problemas teóricos fundamentales del análisis literario: “La crítica constituida como ciencia posible. El análisis literario. La literatura como objeto del saber. Filología e historia literaria. El análisis de textos.” La segunda unidad se centra en conceptos semióticos, se desarrollan las problemáticas del “acto sémico. Seña, señal, mensaje” y el “acto simbólico. Símbolo, imagen, metáfora.” La tercera sección se interroga por el “sentido” de la obra. En este programa aparece, además, el sintagma “teoría literaria” para referirse de una forma general a lo que el curso ofrece: “... procurará orientar al alumno sobre los principales problemas de la teoría literaria desde una perspectiva a la vez histórica y actual.” En la bibliografía se incluyen tres libros de Roland Barthes (Elementos de semiología, El grado cero de la escritura, S/Z) y también se le otorga un lugar privilegiado a György Lukács.

Sobre Raúl Castagnino, que dictó la materia en 1972 no nos detendremos demasiado, pues ya nos hemos extendido en la entrega anterior. Simplemente mencionaremos que, conforme al espíritu de los tiempos, también aparecen en sus programas los textos de Barthes (Análisis estructural del relato) y Lukács (Théorie du roman), ausentes en los anteriores.

Aníbal Ford

Para contextualizar mejor las implicancias de la ruptura que implicó 1973 frente a los años previos post-dictadura/ Noche de los Bastones Largos y ampliar el espectro de materias, los remitimos a “Fue como un suspiro...” de Lucas Adur y Diego Antico. El artículo se encuentra en el volumen Filo (en) rompecabezas, que compila estudios de memoria institucional de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) entre 1966 y 1983. La cursada de “Introducción a la literatura” de 1973 estuvo a cargo de Aníbal Ford (1934-2009). Ford fue discípulo de Jaime Rest y precursor en el país de los estudios culturales. Asimismo, integró los equipos de las editoriales Eudeba y Centro Editor de América Latina y la revista Crisis, además de participar como columnista en diversos periódicos. A mediados de los ochenta fue el primer director en la Universidad de Buenos Aires de la flamante carrera de Ciencias de la Comunicación, que este año cumple treinta años.

La primera línea del programa de 1973 nos anticipa que no se tratará de un programa más: “Replanteo de los objetivos de la carrera de Letras”. A lo largo de toda la propuesta se encuentran presentes cuestiones como la ideología, el problema de lo nacional y lo popular y dos modelos de política cultural (la nacional frente a la liberal, que habría primado en otros momentos históricos). De esta manera, la crítica y la teoría se postulan desde un lugar revisionista y se acentúa la importancia del estudio de la cultura a partir de ejes como, por ejemplo, “civilización-barbarie”. Así, esta dicotomía político-cultural (y, también, teórica y crítica) atraviesa todo el programa. En este enfoque, y acercándose específicamente a la teoría, se destaca la importancia del estudio de las diferentes historias de la literatura y las metodologías. Esta “crítica de la crítica” que observamos en la temporalidad tiene su correlato en el espacio. La relación con el resto del mundo y las particularidades de la crítica tercermundista-nacional frente a las liberales encuentra su foco de estudio en un caso: el Martín Fierro. La unidad destinada a escritura, política y realidad nos anticipa, mediante lo cercano en el tiempo del corpus, la tercera parte: Megafón o la guera de Leopoldo Marechal y Operación masacre de Rodolfo Walsh. Pleno presente, la última sección anuncia: “Propuestas y búsquedas en la cultura nacional actual: serie de entrevistas a escritores, periodistas, cineastas, coordinada por Juan Gelman”.

Para quienes les interese profundizar sobre esta etapa de la reflexión teórico-literaria en la carrera, les recomendamos fervientemente la lectura de 30 años después. Allí, además de las clases teóricas desgrabadas, pueden encontrar una entrevista al profesor a cargo Aníbal Ford y textos relacionados con las especificidades teóricas, políticas y culturales de la época.

Teoría Literaria I

En 1974 se da por primera vez (aunque no se llegó a completar su dictado) una asignatura con el nombre de “Teoría Literaria”. En aquella época, el director del Departamento de Letras, el poeta Paco Urondo, tuvo la iniciativa de modificar el nombre de algunas materias. El hecho de ser la primera vez que se dicta Teoría Literaria, coincide con enunciados que incluye el programa como “Replanteo de los objetivos de la carrera de Letras”. Se designa como profesor a cargo de “Teoría Literaria I” a Octavio Prenz y como su adjunta a la profesora Hortensia Lemos. Octavio Prenz era un egresado de Universidad de La Plata, nacido en 1932, poeta, y traductor de poesía eslava al castellano (vivió cinco años en Belgrado y desde 1975 vive en Italia).

En el programa se destaca la perspectiva estructuralista. El primer listado de temas enumera: “definición del objeto literario y concepto de cultura; modelos de análisis literario; formalismo ruso; estructuralismo; grupo Tel Quel; críticas psicoanalítica, arquetípica, sociológica, política e histórica; literatura nacional y popular; modelos de análisis útiles para el estudio literario del tercer mundo”. En estos últimos puntos se percibe cierta continuidad con el programa anterior pero, en este caso, el análisis de la literatura nacional desde una perspectiva política se ve precedido por un paneo general por distintas escuelas. Cada una de estas “unidades” tiene su desglose más detallado. En casi todos los casos se destaca la valoración de cada teoría, las posibles objeciones (a modo de “discusión y crítica”) y un anclaje de análisis aplicado sobre los textos. Para este programa en particular recomendamos la lectura del trabajo del Prof. Leonardo Funes titulado “Teoría literaria: una primavera interrumpida en los años setenta”, presentado en las I Jornadas de Historia de la Crítica en la Argentina de 2009.

Lectura y comentario de textos

Quisiéramos concluir esta entrega con una breve mención del programa de 1975 de “Lectura y comentario de textos” a cargo de Rómulo Rodríguez. Allí se propone estudiar problemáticas de la traducción, la retórica y la estilística en determinados géneros literarios (prosa filosófica, odas, epístolas, entre otros). Lo que resulta interesante es el trabajo concreto que se propone para las clases prácticas: “interpretación de los textos, el valor del trabajo filológico, la comprensión y la posterior exposición y transferencia de lo que se entiende.” En este sentido, se prevee el estudio de géneros como el comentario, la anotación y el plan de trabajo. Pareciera que el programa apuntara hacia algo similar a los estudios de escritura académica que se encuentran en boga hoy en día y a los cursos introductorios de muchas universidades sobre lectocomprensión. No deja de ser una pena que el programa concluya con el señalamiento de que “la bibliografía y textos de lecturas obligatorias serán indicados en clase”.

En la próxima entrega continuaremos nuestro recorrido temporal e intentaremos contextualizar los programas en el marco del conjunto de cada Plan de Estudios. En la medida en que van a apareciendo más asignaturas destinadas específicamente al estudio de la teoría literaria (y no literaturas que dependan de los profesores a cargo para tener un enfoque más o menos teórico) el análisis se va tornando más complejo por las interrelaciones que se comienzan a tejer. Por otra parte, y dada la cercanía con nuestro presente, buscaremos afinar el trabajo sobre la teoría como herramienta y su vinculación con problemas concretos.

Fuentes

Los Programas de la FFyL de la UBA entre 1963 y 1975 editados por “Publicaciones de la FFyL” fueron consultados en la Biblioteca Central Prof. Augusto Raúl Cortázar.

A continuación presentamos algunos programas digitalizados a modo de ejemplo:

Delfín Leocadio Garasa:

1963 - 1965 - 1966 - 1967 - 1968 - 1969 - 1970 - 1971 - 1973

Antonio Pagés Larraya:

1966 - 1967 - 1970 - 1971

Raúl Castagnino:

1972

Aníbal Ford, Ángel Núñez y Juan Gelman:

1973

Octavio Prenz - Hortensia Lemos

1974

Rómulo Rodríguez:

1975

Bibliografía secundaria

Adur Nobile, Lucas y Antico, Martín (2014). “Fue como un suspiro… Marchas y contramarchas de la carrera de Letras en torno a 1973-1974”, en Filo (en) rompecabezas. Búsqueda colectiva de la memoria histórica institucional (1966-1983). Buenos Aires: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras.

Ford, Aníbal (2004). 30 años después. 1973: las clases de Introducción a la literatura y otros textos de la época. Buenos Aires: Editorial de la Universidad Nacional de La Plata.

Funes, Leonardo (2009). “Teoría literaria: una primavera interrumpida en los años setenta”. Actas de las I Jornadas de Historia de la Crítica en la Argentina. Buenos Aires, 79-84.

Notas

[1] Para mencionar solamente un ejemplo, Pagés Larraya cita en el programa de 1970 tres libros de Raúl Castagnino: Qué es la literatura, Sociología del teatro argentino y Tiempo y expresión literaria; así como también dos de Delfín Garasa: Los géneros literarios y Reflexiones sobre el hecho teatral.

[2] Ehrlich, Russian Formalism (1954) y Todorov, Théorie de la littérature (1965)