Diálogo sobre el humanismo y la ciencia

Interrogantes sobre la interacción entre interpretaciones sugestivas e hipótesis originales

por Mariano Vilar

CONSULTANTE: Me encuentro lleno de dudas y no sé hacia dónde dirigir mis esfuerzos intelectuales.

HUMANISTA: ¿Cuáles son tus dudas?

CONS.: Ya hace un tiempo llegué a la conclusión de que dedicarme a la investigación humanística es el mejor camino para mí. Sin embargo, ahora que pasé algún tiempo ocupándome de eso, no sé si lo estoy haciendo bien, ni si los motivos por los que podría seguir haciéndolo son los mejores.

HUM.: Es natural dudar, sobre todo en nuestra profesión, siempre susceptible de recibir todo tipo de críticas y cuestionamientos. Pero no debemos dejarnos influir por los prejuicios de quienes no valoran ninguna ocupación intelectual que no produzca resultados medibles.

PROFESIONAL: Si no produce resultados no es una investigación, es una pérdida de tiempo y un uso ilegítimo de dinero estatal.

HUM.: Obviamente produce resultados de algún tipo. No quizás del que los tecnócratas y los burócratas esperan.

PROF.: Estoy hablando con el Consultante en este momento, gracias. ¿qué tipo de resultados produjeron hasta ahora tus investigaciones?

CONS.: Ponencias, artículos, alguna que otra tesis…

HUM.: Eso no es en sí lo importante

PROF.: Concuerdo por una vez con el Humanista. Me refiero a resultados, no a cantidad de papeles impresos.

CONS.: Ehm, hipótesis, problemáticas, observaciones varias, interpretaciones.

PROF.: ¿Y cómo calificarías esas hipótesis? ¿Son originales? ¿Pueden tener un impacto en algún campo definido de problemáticas? ¿Le pueden interesar a alguien? ¿Son necesarias, o por lo menos, significativas?

CONS: No lo sé. Sospecho que no.

HUM.: Eso no es lo importante. En cuanto a las interpretaciones ¿Trabajaste mucho en ellas? ¿Leíste muchas cosas para poder elaborarlas? ¿Modificaste tus horizontes en este proceso? ¿Formaste una perspectiva personal (que no es lo mismo que “original”) sobre estos temas?

CONS.: Sí, eso sí.

HUM.: Entonces no hay de qué preocuparse.

PROF.: Es vergonzoso comprobar qué es lo que hoy por hoy se entiende por “humanista”. O sea que eso es todo: el destino del financiamiento para la investigación humanística es que sus beneficiarios sean personas más interesantes de lo que eran antes de empezar.

HUM.: No sé por qué insistís en hablar de financiamiento...

PROF.: Es obvio que no habríamos sido convocados si eso no estuviera en el horizonte. ¿Acaso tenés, Consultante, dudas sobre la legitimidad o el valor de la banda en la que tocás, o sobre los libros de George R. R. Martin que leés?

CONS: Claro que no. Concedámosle al menos eso al Profesional, Humanista. De no ser porque me pagaron por la investigación que ya hice y porque aspiro a que me sigan pagando por las que intentaré seguir haciendo, todo esto no implicaría ninguna problemática, o en todo caso, la problemática se limitaría a establecer una jerarquía entre mis hobbies.

HUM.: Dudo que esa sea la mejor forma de encarar los problemas de la investigación en Letras, pero sometámonos a la facticidad y aceptémoslo de momento.

PROF.: La investigación en Letras es igual que cualquier otra investigación. Si no produce resultados originales, es inútil. Si estás inseguro sobre eso, Consultante, entonces tendrás que replantearte radicalmente tus métodos de investigación, y decidir si realmente servís para aquello que decís que querés hacer. No hay otra alternativa.

HUM.: Es exactamente al revés. La investigación humanística es radicalmente diferente de la que se produce en otras áreas. La originalidad es una cuestión retórica. Consultante, si estás atravesado por dudas y no encontrás nunca certeza acerca del valor de lo que hacés, al punto de que escribís artículos exteriorizando tus dudas, entonces estás bien encaminado y sólo deberías preocuparte por que tus lecturas ayuden a profundizar tus cuestionamientos.

CONS: Aunque leí poco a Lacan, no puedo dejar de pensar que el Humanista está actuando como la Madre, en el orden del imaginario y las identificaciones narcisistas, y que el Profesional es el orden simbólico e implacable del Padre.

PROF.: ¿La originalidad es una “cuestión retórica”? ¿Cómo puede justificarse algo de esa forma? La originalidad es medible. Quizás no en términos absolutos, pero es medible de todos modos. Es perfectamente posible tomar un objeto cualquiera, definir una lista de hipótesis producidas sobre ese objeto, y establecer con cierta precisión qué es lo que ya se ha dicho sobre él y que por lo tanto no amerita ser repetido.

CONS: Pero es casi siempre imposible conocer eso con certeza. Existen a veces demasiadas investigaciones, y uno no puede conocerlas todas. Muchas pueden estar en idiomas extraños. Muchas pueden ser inhallables.

PROF.: Te concedo que conocer el 100% de las hipótesis producidas no es posible en la mayoría de los casos. Sueño con un futuro, que no me parece tan lejano, en el que exista una única página web en la que figuren listadas en inglés, resumidas, todas las hipótesis producidas hasta ahora sobre todos los objetos abarcados por la investigación en Letras. Se actualizaría constantemente. No habría excusas. Finalmente alcanzaríamos un punto en el que los resultados se volverían acumulativos.

HUM.: El horror.

PROF.: Sí, el horror para todos aquellos que se escudan bajo categorías arcaicas para justificar su ineficiencia e improductividad.

CONS.: Por favor, calma. ¿Por qué te horroriza tanto lo que propone el Profesional?

HUM.: Porque destrozaría todo aquello que hace de los estudios humanísticos una empresa única e imprescindible. ¿No te das cuenta, Profesional, que cuanto más énfasis se pone en la originalidad y en la apilación de conocimientos, más evidente se vuelve que la producción de enunciados límpidos y contrastables sobre los objetos que nos interesan es totalmente absurda? Esa base de datos que imaginás sería un monumento atroz a la aniquilación del espíritu humano, y no sólo no impediría que los cientificistas de otras disciplinas nos ataquen, sino que le daría una infinita lista de argumentos para destruirnos.

CONS.: O sea, que de acuerdo a tu perspectiva, nosotros dependemos de la creencia en que existe cierta mística en lo que hacemos.

HUM: Llámalo como quieras, pero sin ese plus incuantificable (quizás incluso inconceptualizable, aunque muchos lo han intentado) no existe horizonte posible para nosotros. Y lo digo tanto en términos materiales como espirituales. La palabra “interpretación”, contrariamente a “hipótesis”, es mucho más adecuada para expresar ese plus. La originalidad puede ser una cualidad de una interpretación, pero no es la que la define. Su valor no puede medirse ni cuantificarse de ninguna manera.

PROF.: La capacidad para exponer con claridad lo que hacemos, los procedimientos que seguimos y los resultados que alcanzamos es básica para poder afirmar que tenemos alguna participación real y legítima en la sociedad como investigadores.

HUM.: Concuerdo con vos en que la investigación humanística, como cualquier investigación, necesita ser mostrada para existir plenamente. Una persona que lee y ahonda en sus conocimientos sin nunca exhibirlos en ninguna circunstancia no puede ser propiamente llamado “Humanista”. Sin embargo, limitar esa exposición a una base de datos objetiva, o incluso, a papers rigurosamente académicos para revistas que funcionan en la práctica como bases de datos, no es en ninguna medida equiparable con una “participación real y legítima en la sociedad.”

CONS: Supongo que podría invitar a alguien más a debatir ese aspecto. Podría llamársele “IDEÓLOGO” y se trataría de una representación arquetípica de aquellos que ponen el acento en el potencial de los estudios humanísticos para criticar las injusticias sociales y revelar las violencias contra grupos humanos (o animales) varios, observar los adoctrinamientos mediáticos, etc.

HUM.: De haberlo invitado, seguramente estaría de acuerdo conmigo.

PROF. : Es posible. Sobre todo si, como tantos de los que exaltan el valor de la investigación en Letras para lograr esos “resultados”, fuera un ser de dudosa credibilidad…

CONS: No generalicemos. Muchos de los mejores autores que uno lee formándose como investigador en Letras pertenecen mutatis mutandis a esa categoría. Quizás lo invite en otra ocasión. No sé si estaría tan de acuerdo con vos de todos modos, Humanista. Muchos de los que siguen esa línea denostarían tu uso de expresiones como el “espíritu”…

HUM.: Quizás. Pero admitirían conmigo que los resultados de la investigación en Letras no pueden limitarse a enunciados originales contrastables, ya que nuestros estudios atraviesan la sociedad de formas imprevisibles.

PROF.: Quizás esto era así en el siglo XV o XVI, cuando los Reyes tenían humanistas a su alrededor leyéndoles a Julio César durante las campañas militares o cosas por el estilo. Las posibilidades de que los especialistas en marketing político-económico usen hoy tus saberes para este tipo de cosas, aunque no imposible, es más limitada. Y dudo que eso fuera a enorgullecerte mucho de todos modos, Humanista.

HUM.: Las cortes han cambiado, eso nadie lo duda. Pero algunas de nuestras funciones se mantienen. Ridiculizabas más arriba la idea de que el propósito de la investigación en Letras sea la creación de subjetividades más “interesantes”. Pero no hay que despreciar este aspecto. En la medida en que incorporamos a nuestra forma de vida y a nuestra forma de intervención en la sociedad (desde los detalles más absurdamente pequeños hasta las cuestiones que definen nuestro paso por este mundo) todo aquello que hemos leído, todos esos objetos que hemos trabajado a lo largo de una investigación, somos encarnaciones permanentes de palabras y cosas que no deben desaparecer de la experiencia humana. Al menos, no si anhelamos que la experiencia humana sea lo más variada y completa posible. Nuestra labor como humanistas puede brillar más en una conversación ocasional en la que recordamos a Séneca o a Flaubert que en un paper repleto de notas al pie y escrito en el tono más neutro posible.

PROF.: Eso no es investigación. Es divulgación. La diferencia es abismal. Intentar reducirla es lo que te convierte en un chanta.

CONS: Otra vez con las agresiones. Está bien, sin embargo, que hagas mención de la divulgación, Profesional, ya que ahí se abre una problemática que no tocamos hasta ahora. Estuvimos hablando de la investigación, pero ¿qué pasa con la divulgación y la docencia?

HUM.: Está claro que son tres patas de un mismo asunto, y que separarlas produce distorsiones varias de lo que realmente hacemos. Es uno de los motivos por los que al principio de esta conversación decía que pensar los estudios literarios sólo desde la perspectiva de la investigación financiada era peligroso.

PROF.: No estoy de acuerdo. Nadie puede negar que existe una relación entre los tres aspectos, pero las barreras que los separan son también muy claras. La investigación, que es de lo que por mi parte siempre estuve hablando, implica como condición primordial y necesaria el rigor, la objetividad, la originalidad y la producción de conocimientos acumulables. La divulgación es otro cantar, y puede adquirir muchísimas formas, lo mismo que la docencia. Pero es perfectamente posible, y hasta común, ser un excelente profesor y un hábil divulgador y a la vez un pésimo investigador, así como es posible, y hasta común, lo contrario.

CONS.: ¿La conclusión sería entonces que las observaciones del Humanista son válidas para los ámbitos de la divulgación y la docencia, pero que querer aproximarlas al ámbito de la investigación (sobre todo, la que es financiada) es un error?

PROF.: Sí. Una chantada diría yo, más que un error. Otra forma de llamarlo sería “El origen de todos los males”.

CONS.: Suena razonable. No sé si me satisface como conclusión.

HUM.: Es que no es satisfactoria. Esas segmentaciones nos hacen daño y empobrecen incluso aquello que supuestamente buscan elevar. Si queremos hacer de nuestra experiencia como estudiosos de la Literatura algo significativo y empoderador tenemos que mantener, quizás dogmáticamente, la creencia en el universo de las Letras como un campo de exploración existencial independiente de la lógica de la investigación que propone el Profesional. Ese universo, constituido por objetos reales y posibles, físicos y virtuales, sólo se actualiza mediante la proyección de nuestra experiencia en el mundo. La objetividad, la búsqueda de originalidad, son recursos retóricos que empleamos para adaptarnos a las limitaciones del presente. Así como el Profesional soñaba con un futuro de sistematización acumulada del conocimiento en el que sea fácil testear la relevancia (siempre entendida dentro de un campo de estudio ultra-específico) y originalidad de una hipótesis, yo sueño con un futuro donde estos recursos retóricos sean innecesarios.

PROF. ¿Eso te satisface?

CONS. Como dije antes, las observaciones del Humanista son más conciliadoras, y en ese sentido es tentador ceder a ellas automáticamente. Producir hipótesis como las que vos describís es altamente difícil, mientras que producir interpretaciones no sólo es fácil: es inevitable. Pero no se me oculta que es posible usar esta línea de argumentos para justificar cualquier cosa. En resumen, es posible presentar las tensiones que existen entre ustedes desde distintos puntos de vista. Puede ser la diferencia entre el rigorismo cientificista y el espiritualismo hermenéutico, entre un modo de intervención preciso y responsable pero limitado, contra otro difuso pero abarcativo, o entre el profesionalismo y una cierta continuidad del amateurismo del “letrado”. Finalmente, es posible reducir las tensiones entre sus enfoques y aceptar que la investigación sea lo más rigurosa y objetiva posible pero que la docencia y la divulgación estén cedidas al humanismo.

HUM.: ¿Vas a terminar como si fuera un diálogo ciceroniano in utramque partem, en donde nadie concluye nada pero todos nos vamos a nuestros hogares habiendo perdido el tiempo de la mejor forma posible? ¿O va a ser más bien como en el Filebo de Platón y vas a hacer una jerarquía de los valores expuestos?

PROF.: ...o vas a hacer algo medianamente pertinente y te vas a jugar por uno de nosotros argumentando tu decisión racionalmente y sin citas decorativas del panteón grecolatino.

CONS.: Ninguna de las dos. Creo más bien que lo que faltó en esta discusión, aparte de una intervención real de un Ideólogo que justificara sus puntos de vista y que intentara convencerme de que la investigación en Letras tiene un impacto social más directo que el que uds. dos trataron de justificar, es una defensa de la creatividad. En otras palabras, alguien que diga que producir una interpretación apoyándose en los pilares clásicos de la hermenéutica, o una hipótesis que siga lo mejor posible los principios de la producción de conocimiento científico, son alternativas que no agotan nuestras posibilidades. Existe, o quiero creer que puede existir, alguna forma de pensar la novedad dentro de la investigación en Letras que pueda saltar por sobre esta disputa.