Aceleracionismo, o cómo destruir al capitalismo desde adentro

Reseña de Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo de Caja Negra editora.

por Abril Amado

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Imaginemos la caída del capitalismo. Imaginemos lo que vendría después. ¿Qué es lo que vemos? Nada. El actual sistema económico que prima en el mundo parece haberle puesto límites a la fantasía. Sujetos, objetos, cuerpos, relaciones, instituciones y un sinfín de etcéteras han caído en las garras de la mercantilización extrema hasta formar parte de ella, de modo que ya no existe un espacio exterior a la misma. ¿Cómo derrotar a un sistema que se ha incrustado de tal manera en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo hacerlo cuando nuestra propia subjetividad es configurada por él?

La izquierda espera que las propias contradicciones del capitalismo lo lleven al colapso, pero la dilación de tal evento parece no tener fin. Rechaza los ideales del progreso y la modernidad, mientras se mantiene en su actitud contestataria y denunciante, con la que no obtiene casi ningún logro. Ya se ha demostrado que el capitalismo posee la cualidad intrínseca de renovarse a sí mismo [1]. Siempre a punto de caer, emerge como un fénix de sus propias cenizas, redoblando su apuesta: los indicadores de pobreza aumentan, la catástrofe ambiental es cada vez más inminente, las democracias burguesas se resquebrajan…. Y, sin embargo, el neoliberalismo avanza en su construcción de hegemonía.

Para derribar las paredes de este callejón sin salida, aparece en escena la filosofía aceleracionista, cuyas ideas se introducen en el panorama teórico argentino actual gracias al volumen editado por Caja Negra en 2017, Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo. Se trata de una compilación de catorce artículos traducidos, en su mayoría, del inglés; acompañados por una introducción a cargo de los compiladores, un epílogo, un apartado que explicita la procedencia de los textos, y otro con una breve biografía de cada autor. La selección realizada por Armen Avanessian y Mauro Reis -este último a cargo de la traducción- logra sumergirnos en el calor del debate acerca de las posibilidades de una superación voluntaria del sistema económico actual y lo que podría venir después.

El primer impulso para generar esta masa discursiva lo dió el británico Nick Land, quien, desde una posición política orientada hacia la derecha, postuló la futura emancipación de la tecnología y del capital con respecto a su sujeción a los seres humanos. Este proceso es descripto en “Colapso”, uno de los textos más llamativos del volumen, quizás por su abigarrada prosa repleta de neologismos o por presentar un género aún no muy extendido del que Nick Land es pionero: la teoría ficcional. Nadie podrá jamás acusar al aceleracionismo de carecer de imaginación. Land cultiva con soltura lo que él llama “hipersticiones” (Hyperstition), esto es, ficciones respecto de futuros posibles que, al habilitar el imaginario sobre los mismos, permiten generar comportamientos orientados a la creación efectiva de esos futuros [2]. Este artículo de 1994 se complementa con otro de 2007 del mismo autor: “Crítica del miserabilismo trascendental”, donde se explicitan las críticas de Land a la izquierda melancólica, sin perspectivas de futuro y, por lo tanto, encajonada dentro de un capitalismo que no admite escapatoria.

Muchos autores de izquierda que comparten dichas críticas han discutido las ideas de Land respecto de la emancipación de la tecnología y el capital y, de esta manera, han convertido al aceleracionismo en un movimiento mucho más ruidoso, que se ha consolidado en 2013 con la publicación del “Manifiesto por una política aceleracionista” de Alex Williams y Nick Srnicek, incluído en Aceleracionismo. Se trata de un escrito central que explica la situación mundial actual y que establece claramente los puntos de contacto y divergencia con la postura de Land. Apoyándose tanto en Marx como en la teoría de las desterritorialización de Deleuze y Guattari, los autores establecen la idea central que da nombre a la corriente filosófica en cuestión: si no hay un afuera del capitalismo, entonces es necesario superarlo desde adentro; para ello, hay que hacer uso de las herramientas proporcionadas por este a través de la modernidad y la tecnología, acelerando todo aquello que resulte beneficioso en pos de un futuro que vaya más allá del mercado salvaje y la propiedad privada.

Ningún sistema económico está asociado con las nociones de innovación, velocidad y aceleración de la forma en que lo está el capitalismo actual. Sin embargo, la apuesta de estos autores es sostener que, más que innovar, el capitalismo reprime las posibilidades productivas de la tecnología ya que la obliga a cumplir con objetivos limitados y funcionales a la estructura económica. Los aceleracionistas buscan encontrar un futuro alternativo hacia el cual redirigir la tecno-ciencia que sirve de base material al neoliberalismo. ¿Significa esto que la tecnología es neutral y puede ser usada con fines políticos distintos? No del todo. Más que de neutralidad, los autores hablan de un potencial inexplotado que hace falta liberar para arribar a un postcapitalismo previamente planificado.

La lucha que deberá dar la izquierda, entonces, será por generar una hegemonía tecno-social tanto en el plano ideológico como en el material. Se apunta a crear una democracia verdadera definida por el autodominio colectivo a través de una política prometeica. En el “Manifiesto por una política aceleracionista” se establecen claramente tres objetivos a mediano plazo: constituir una infraestructura intelectual, reformar los medios de comunicación a gran escala y reconstituir diversas formas del poder de clase. Se propone, también, pensar en el modo de financiar estas reformas.

Una sugerencia como esta claramente incita al debate. El acierto del libro Aceleracionismo consiste en inmiscuirse en esa discusión y hacerla transcurrir entre sus páginas. Al lector se le proporcionan miradas alternativas sobre el mismo fenómeno a través de la inclusión de textos en contrapunto. El “Manifiesto...” es comentado desde diferentes perspectivas por Franco Bifo Berardi y Antonio Negri: mientras que el primero se dedica a atacar las bases y presupuestos de lo expuesto por el “Manifiesto” en el artículo titulado “El aceleracionismo cuestionado desde el punto de vista del cuerpo”; el segundo los reivindica en “Reflexiones sobre el ‘Manifiesto por una política aceleracionista’”, sin por ello evitar algunas críticas.

Uno de los artículos más interesantes es el de Tiziana Terranova, “Red stack attack! Algoritmos, capital y la automatización del común”, en donde se analizan las relaciones entre el capital y los algoritmos que median nuestra interacción con las tecnologías de la información y la comunicación. La autora, como el resto de los aceleracionistas, apunta a romper con la idea del “realismo capitalista”; esto es, la idea de que el capitalismo constituye la única economía posible. Para ello, analiza tres factores que parecerían estar fundando un nuevo nomos en la Tierra, es decir, nuevos códigos de conducta social y política que se vinculan, por un lado, con los poderes territoriales de las divisiones sociopolíticas clásicas y, por otro, con las nuevas formas de soberanía surgidas de internet. Estos tres factores son el dinero virtual, las redes sociales y la bio-hipermedia, definida como la relación entre cuerpos y dispositivos. Lo que Terranova pone de relieve es que este tipo de tecnología posee potenciales muy claros para desafiar al capitalismo y que existe una posibilidad de inventar algoritmos sociales capaces de crear un sistema económico distinto.

En relación con esto, es importante tener en cuenta que el aceleracionismo, como movimiento teórico, ha tenido cierto nivel de impacto en las redes sociales, por fuera del circuito académico. Sus ideas son discutidas en Twitter, en blogs (con Nick Land a la cabeza) e incluso son replicadas mediante memes. Si bien, dado el nivel de digitalización de la vida cotidiana, esto sucede con muchas corrientes filosóficas, en el caso del aceleracionismo, sus textos fundacionales fueron publicados por primera vez en formato digital e incitaron a la discusión a través de los mismos medios que se propone redireccionar de forma emancipadora. Solo el tiempo dirá si las redes sociales son exclusivamente un espacio fértil para la discusión, o generan también un impacto en la lucha por la hegemonía. En el epílogo, “Academia en aceleración”, Armen Avanessian aborda las dificultades que tiene este movimiento para ingresar en los circuitos académicos clásicos propios de las humanidades, más apegadas al sentimiento melancólico de izquierda que a las potencias de futuro sostenidas por estos pensadores. Una de las preguntas que deja planteada este texto es: ¿generan los modos alternativos de circulación y producción de conocimiento y debate una redistribución del saber? Y, a partir de este cuestionamiento, nos surge otro: ¿hasta dónde la teoría aceleracionista logrará conectar con la praxis? [3]

En este sentido, el volumen incluye un artículo sumamente interesante (tanto desde lo formal como desde el contenido) que presenta una de las subcorrientes de la filosofía aceleracionista: el xenofeminismo. A nivel social, el feminismo se encuentra en plena ebullición. Diariamente nos llegan noticias de diversas partes del mundo en las que se da cuenta de una fuerte actividad por parte de quienes se oponen al patriarcado. El artículo de colectivo Laboria Cuboniks, “Xenofeminismo: una política por la alienación”, nos propone “hackear el sistema de género”. Parte de la idea de una alienación originaria, inevitable, de la que es imposible escapar, pero que podemos utilizar a nuestro favor reorientando el uso de las tecnologías creadas por el sistema capitalista-patriarcal con fines feministas. ¿Cómo es posible que el feminismo no se desenvuelva con naturalidad en el ámbito computacional cuando muchos de los problemas asociados al género hoy en día surgen de la propia cultura digital? De lo que aquí se trata es, como en el resto del aceleracionismo, de utilizar las herramientas dadas por la modernidad y explotarlas con finalidades hasta ahora bloqueadas por el sistema económico del que formamos parte. Hace falta construir una hegemonía que deshaga el género, liberando los cuerpos de los mandatos patriarcales, ya sea a través de hormonas o de la intervención biotécnica, del software libre o del hacktivismo. Esta perspectiva parece aportar instrumentos útiles para las luchas que están a la orden del día, tanto en las calles como en los ámbitos privados.

Este tipo de impulsos políticos proporcionados por la teoría obligan a discutir y reconfigurar, en primer lugar, un resabio iluminista del que el aceleracionismo se hace cargo: el prometeísmo; y, luego, las categorías de lo humano y lo inhumano. Con respecto al primer caso, Ray Brassier [4] analiza las críticas efectuadas al prometeísmo y elabora una defensa del mismo en “El prometeísmo y sus críticos”. Para debatir el segundo, el artículo de Reza Negarestani, “La labor de lo inhumano”, resulta central. Aquí encontramos varias de las cuestiones que constituyen el telón de fondo de los otros autores, como la libertad y la razón.

Otra de las aristas del debate que encontramos en el libro es la del arte y la estética. Si de lo que se trata es de dar batalla por ganar la hegemonía, no resulta llamativo que este grupo de artículos se apoye en los productos artísticos populares. Así, por ejemplo, Benjamin Noys, en “Baila y muere: obsolescencia y aceleración”, propone a la música dance como el modelo estético ideal para el aceleracionismo. Por su parte, Steven Shaviro postula una polémica hipótesis en “Estética aceleracionista: ineficiencia necesaria en tiempos de subsunción real”: todas las transgresiones dadas en el campo del arte no hacen más que ampliar el capital cultural que alimenta al sujeto neoliberal sediento de innovación y emociones nuevas que el capitalismo puede vender.

Mediante una serie de tesis audaces, el aceleracionismo logra reconstruir un futuro que creíamos perdido, roto, imposible. Recupera la imaginación y la utiliza como herramienta para superar al capitalismo. Estos autores nos preguntan: ¿qué otras opciones quedan para destruir un sistema que parece ser inmune a sí mismo, que se alimenta de sus propias tragedias? Y luego afirman que la transición hacia una economía diferente debe ser planificada y debe tener una dirección certera, otorgada por las hipersticiones y por las posibilidades que nos proporcionan hoy los potenciales inexplotados de la tecnociencia.

A través de Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo, tenemos acceso a un debate que, hasta el momento, no parecía darse en castellano. Solo resta leer, discutir.... Y hacer.

Bibliografía

Avanessian, A. y Reis, M. (comps.). (2017). Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra.

Land, N. (2009). “Hyperstition: an introduction. Delphi Carstens Interviews Nick Land”. Disponible en: http://merliquify.com/blog/articles.... Última consulta: 02/02/2018.

Marx, K. (2008). El manifiesto comunista. Buenos Aires: Prometeo Libros.

Notas

[1] Karl Marx lo explicaba de la siguiente manera en el Manifiesto Comunista, asignándole esta cualidad a la burguesía: “La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes” (2008: 48).

[2] Nick Land define el término de la siguiente manera: “Las hipersticiones son circuitos positivos de retroalimentación que incluyen a la cultura como componente. Pueden ser definidas como la (tecno)ciencia experimental de profecías autocumplidas. Las supersticiones no son más que creencias falsas, pero las hipersticiones – por su existencia como ideas- funcionan causalmente para crear su propia realidad. La economía capitalista es extremadamente sensible a la hiperstición, donde la confianza actúa como un tónico eficaz, y a la inversa. La idea (ficcional) de Ciberespacio contribuyó a generar las inversiones que pronto la convirtieron en realidad tecnosocial.” (2009, traducción de Abril Amado).

[3] Recientemente ha hecho su aparición una nueva corriente teórica, el aceleracionismo incondicional -U/Acc- que predica la anti-praxis. Su tesis central se basa en la inevitabilidad de la convergencia entre el capital, la tecnología y la inteligencia en general y la imposibilidad de darle una orientación a este conglomerado. Los debates al respecto se identifican en Twitter mediante el hashtag #cavetwitter. Para más información, se puede consultar su sitio web principal: https://vastabrupt.com

[4] Ray Brassier fue quien acuñó el término “realismo especulativo” para designar una corriente reciente de la producción filosófica que pretende conocer las cosas-en-sí. El aceleracionismo muchas veces toma elementos propios del realismo especulativo, reelaborándolos.