¿Tematología hoy?

El caso del diletantismo en la literatura alemana del 1800

por Gabriel D. Pascansky

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I

La tematología, o el estudio de temas literarios, ocupa un lugar paradójico entre las corrientes de la crítica literaria contemporánea. Al mismo tiempo que una gran cantidad de artículos, proyectos de investigación o programas de materias universitarias se organizan según modelos tematológicos –del tipo de: “Representaciones de X en A” (donde “X” es un concepto abstracto o personaje tipo y “A” uno o varios autores/obras literarias/literaturas nacionales)–, en muy pocos o en ningún caso se explicita siquiera marginalmente la tematología como parte del marco teórico. Así, el diagnóstico con el que Werner Sollors presentaba la disciplina en su The Return of Thematic Criticism, en 1993, conserva su actualidad:

While one could probably argue that, de facto, thematics criticism has grown enormously, few scholars now seem to be willing to approach methodological issues of thematic criticism, or to look at their own works in the context of thematics [...]. What seems more characteristic of the present moment is widespread, yet undeclared ‘thematic’ practice by practitioners who do not claim (or who openly disclaim) affinities with ‘thematology’. (1993, p. xiii)

Es posible señalar diversos motivos que explican el “anatema” que pesa sobre la tematología. Por un lado, uno de los ataques más célebres contra la disciplina es el rechazo teórico impulsado por las corrientes del análisis literario estructuralista y postestructuralista, desde donde se critica que el punto de partida del análisis (el tema) es una abstracción externa a la obra y que se ignora el aspecto formal, la especificidad de lo literario. También entre los partidarios de la disciplina se encuentran autocríticas similares. Manfred Beller, por ejemplo, grafica los dos grandes peligros habituales en los que puede incurrir la tematología como “el ‘Escila’ de las recopilaciones positivistas y el ‘Caribdis’ de las generalidades de la historia del espíritu” (2003, p. 135). Un modo extremo de esta vertiente lo representan los enfoques de tipo esencialista, aprovechados usualmente por intereses nacionalistas. Conviene recordar aquí como ejemplo el caso de Elisabeth Frenzel (1915-2014), autora de obras de referencia en materia de literatura comparada y germanística (Daten deutscher Dichtung, Stoffe der Weltliteratur, Motive der Weltliteratur), que hasta hoy suele aparecer como cita de autoridad en trabajos sobre tematología. Su tesis doctoral de 1938, sobre la representación de los judíos en el teatro alemán, pretendía demostrar el rechazo instintivo a la expansión y asimilación de los judíos en la historia literaria alemana, con lo cual promovía la deshumanización de los judíos y justificaba la persecución racial en el presente. [1] De hecho, en los años siguientes, la autora trabajó al servicio de Alfred Rosenberg en la elaboración de un diccionario sobre los judíos en el teatro y el cine y, en 1943, una versión resumida de su tesis fue publicada en la editorial central del partido Nacionalsocialista. [2]

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Por otro lado –como si no fuera suficiente con Escila y Caribdis–, los principales exponentes de la tematología no dejan de confesar un problema metodológico básico: el jamás resuelto inconveniente de la vacilación, confusión o inexactitud terminológica, que se agrava naturalmente por el hecho de que los términos básicos (“tema”, “motivo”) tienen un uso tan extendido que casi nadie siente la necesidad de definirlos. Como resume Holger Klein (1988), el problema radica en que varios autores utilizan a menudo nociones idénticas para referirse a fenómenos distintos, o viceversa. [3] Superada la prehistoria positivista y esencialista de la disciplina, la cuestión terminológica aparece como la preocupación fundamental de sus defensores teóricos; lo cual puede verse reflejado en los incontables capítulos de manuales y artículos en revistas que aspiran ingenuamente a imponer una nomenclatura definitiva. A su vez, esto puede interpretarse como un acto reflejo frente al devenir histórico sufrido por la disciplina desde los últimos años del siglo pasado: el anunciado “retorno de la crítica temática” tuvo lugar al precio de su disolución o adopción implícita en otras corrientes teóricas. En este sentido, el diagnóstico de Susan Bassnett se comprueba más preciso que el de Sollors: “The study of themes and movements not only continues unabated, but possibly is even on the increase. The difference is, of course, that the impulse is now coming from within areas of work defined under other headings than that of ‘comparative literature’, such as post-colonial studies or gender studies” (1993, p. 116).

Actualmente, por último, el éxito internacional y transdisciplinar de la historia de los conceptos (Begriffsgeschichte) representa un nuevo desafío para la tematología, que ya no la amenaza con la pervivencia asordinada sino con el reemplazo terminal. Teniendo en cuenta la difusión de la Begriffsgeschichte, particularmente en Hispanoamérica, y la aparición desde comienzos de siglo de proyectos como el de Karlheinz Barck et al., que aplican el método de esa disciplina a la estética, es lógico suponer que la historia de los conceptos continuará su expansión en los departamentos de literatura, y que aquí arrasará con el lugar difuso que ocupaba la tematología.

A pesar de todo esto, pensamos que un proyecto de investigación estructurado a partir del análisis de uno o varios temas en un corpus de textos –lo que, como constata Sollors, continúa siendo un eje habitual en los estudios literarios– solo puede beneficiarse con el reconocimiento de su marco teórico específico, es decir, la tematología. A continuación, proponemos un modelo de explicitación teórico-metodológico a partir de un caso ejemplar: el análisis del diletantismo en la literatura alemana del 1800, particularmente, en una selección de obras de Goethe, Schiller y E.T.A. Hoffmann. En primer lugar, y sin ánimo de cristalizar un improbable acuerdo terminológico, deberemos adoptar una noción de tema acorde a nuestro propósito, para lo que la distinguiremos de otras nociones afines como motivo o materia. Aquí, también, retomaremos la separación hecha por Claude Bremond entre tema y concepto, que nos servirá para conectar teóricamente los distintos textos de nuestro corpus. En segundo lugar, veremos cómo se articulan las herramientas teóricas provenientes de la Begriffsgeschichte con aquellas preexistentes de la teoría literaria.

II

El “tríptico nocional básico” (Naupert) de la tematología lo conforman las nociones de tema, motivo y materia, ordenados de mayor a menor grado de generalidad. El tema es la categoría que más nos interesa para nuestro análisis, y adoptamos la definición amplia de autores como Naupert, Beller, Trousson o Klein, quien lo define de la siguiente manera:

In a given text (or a group of closely related texts) a theme is whatever element –more usually an accumulation or rather constellation of elements– is important enough to characterize the whole or a portion, making it possible to talk of it as being about this or that (in accordance with the role of the theme) centrally, mainly, or only in part. (1988, p. 4)

Nos interesa destacar que en esta definición no es necesario que el tema ocupe un lugar central en el texto; en el mismo sentido, seguimos a Trousson (2003) cuando afirma que el tema no requiere aparecer explicitado y que puede solo estar aludido. [4]

Distintos autores intentaron fijar clasificaciones para los tipos de temas (p. ej. Trousson 2003: tema de situación y tema de héroe) sin éxito; la división establecida por Prawer (1973), sin embargo, y a pesar de lo objetable de toda enumeración, obtuvo mayor consenso que las demás, y resulta ilustrativo citarla. Según esta clasificación se distinguen cinco grupos principales de temas para el análisis literario: [5]

(1) Natural phenomena and man’s reaction to them (add: man-made environments and objects); eternal facts of human existence; perennial human problems and patterns of behaviour (add: ideals, ideas, moods and feelings). (2) Recurring motifs (better called small themes) in literature and folklore (add: topoi). [6] (3) Recurrent situations; historical events (add: conditions). (4) The representation of (professional and other) types. (5) The representation of named personages ‘from mythology, legend, earlier literature or history’. (Klein 1988, p. 5s.)

A partir de esto, podemos concluir que el diletantismo o el diletante, en tanto patrón de comportamiento o tipo, sin necesidad de ser explicitado o central, es un tema literario en nuestro corpus. Así, resulta lógico hablar del tema del diletantismo en relatos como Kreisleriana, de E.T.A. Hoffmann, donde se da una constelación de elementos (contraposición de personajes artistas y aficionados, diálogos sobre arte, descripción del proceso creativo y la recepción de las obras, espacios característicos como el salón burgués) que se vincula con el tema del diletantismo, aunque esta palabra no se mencione.

Con respecto a la noción de motivo, existe un acuerdo entre los diferentes autores que consiste en considerar al tema como una unidad de contenido significativo mayor y al motivo una unidad más pequeña; su función es “designar los elementos temáticos ‘pequeños’ próximos a las imágenes, metáforas y tópicos recurrentes como, por ejemplo, los múltiples motivos líricos relacionados con fenómenos de la naturaleza (la rosa, el ciervo herido, el alba, etc.)” (Naupert 2003, p. 22). El motivo (motif), en este sentido, se distingue tanto del motivo (motive) como motivación psicológica o del acontecer narrado, así como de la definición acotada de Tomashevski, para quien los motivos son las partículas más pequeñas y no analizables del material temático (2011, p. 276), y se aproxima a la noción de tópico (topos). Como clarifica Harry Levin: “Now a topos is a motif which takes the form of a literary commonplace or rhetorical set-piece: e.g., the comparison between nature and a book or between the world and the theater. Hence the idea that it conveys has verbally crystallized” (1973, p. 243). La materia (Stoff), por último, remite a los sucesos, acontecimientos o argumentos “que sirven de base para relatar acciones y crean así entramados narrativos” (Naupert 2003, p 22); es el material informe (materia prima), previo al trabajo artístico en la obra literaria (Beller 2003, p. 150s.).

Nuestro corpus incluye textos ensayísticos, autobiográficos y ficcionales –o, muchas veces, híbridos difícilmente distinguibles–, y es previsible que el tema del diletantismo no aparezca del mismo modo en cada caso. Para articular la relación entre las formulaciones de distintos géneros o tipos discursivos, es oportuna la distinción entre concepto y tema hecha por Bremond. Su ejemplificación nos parece elocuente:

En la obra de Rousseau hay un concepto del contrato social, pero un tema del ensueño. ¿Por qué? Pues porque la orientación de los discursos en los que trata Rousseau dichas nociones es inversa: el uno intenta desprender la esencia de una noción que primero se percibe como anegada en contingencias múltiples, parte de lo concreto y va hacia la unidad abstracta; el otro tiende a ejemplificar una noción que se supone definida sumergiéndola en el contexto de diversas situaciones, esto es, toma una entidad abstracta y hace de ella el punto de partida de una serie de variaciones concretas. (2003, p. 168)

Podemos afirmar para nuestro ejemplo que, en el ensayo “Sobre el diletantismo” (1799), Schiller y Goethe aspiran a definir el concepto de diletantismo, revisan los usos de la palabra e intentan clarificar su esencia. En Las afinidades electivas o en Kreisleriana, por otra parte, no se reflexiona sobre el significado del término, se menciona la palabra en pocas ocasiones y se toma como válida la definición estándar de la época. Pero en estas obras, el diletantismo, o los personajes diletantes, aparecen en cambio tematizados o ejemplificados. Si el concepto unifica, el tema ofrece la variación: “añade una red de ideas asociadas (por analogía, contraste, contigüidad…), que inicialmente no se consideran parte de dicha definición, pero que podrán luego volverse esenciales para dominar el tema construido sobre este concepto” [7] (Bremond 2003, p. 169). Así como en la obra de Rousseau nociones como las del paseo y la soledad concurren para darle al tema del ensueño una fisonomía original (ibíd., p. 167), en la narrativa de Hoffmann el diletantismo se asocia íntimamente con un determinado campo temático: [8] la cultura del salón burgués, la banalización del arte como pasatiempo, la confrontación entre el artista profesional y el practicante aficionado.

III

Como ha demostrado Reinhart Koselleck, entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX (el “período bisagra”, o “período de encabalgamiento”, o “umbral epocal”, o, mejor, simplemente: Sattelzeit), se produjo “una profunda transformación de topoi clásicos”, por medio de la cual surgen nuevos conceptos o se actualizan viejos significados, y el estudio del desarrollo de estos conceptos permite comprender las transformaciones estructurales de la Modernidad. Determinados acontecimientos o situaciones vuelven perceptible la insuficiencia lingüística: “La falta de adecuación, el palidecer de ciertas palabras o su recarga semántica abren un horizonte de expectativas para acuñaciones lingüísticas que finalmente vienen a llenar ese hueco” (Koselleck 2009, p. 102-3). Podemos pensar que la palabra “diletantismo”, que aparece en lengua alemana a mediados del siglo XVIII y se desarrolla hasta cristalizarse con su significado moderno a fines del mismo siglo, surge para llenar un hueco abierto por una nueva experiencia: con la delimitación de una esfera artística autónoma y la profesionalización del escritor, la palabra alemana “Liebhaber” (aficionado) se vuelve insuficiente y se requiere un término más específico para designar a un tipo particular de aficionado: el aficionado al arte o Dilettant. El desarrollo del concepto puede describirse según los criterios del enfoque heurístico (democratización, temporalización, ideologización, politización) y revelar transformaciones en la institución literaria de la época. [9] Este tipo de análisis puede coadyuvar a un estudio sobre el diletantismo en la literatura alemana del 1800, pero, como se nota en los huecos del ensayo de Leistner (por ejemplo, la ausencia de consideraciones sobre escritores románticos), la dependencia léxica falsea la impresión general. En otras palabras: el enfoque heurístico de la Begriffsgeschichte limitaría nuestro corpus a aquellas obras (mayormente ensayos teóricos o entradas de diccionarios) en las que el concepto aparece explicitado, y dejaría afuera textos narrativos o híbridos en los que el diletantismo aparece expuesto (personajes diletantes) o aludido.

En este punto, los aportes de la historia de los conceptos se complementan virtuosamente con los de la tematología, que, con su noción amplia de tema (el diletantismo como patrón de comportamiento o el diletante como tipo), nos permite considerar un corpus más abarcativo y representativo de la institución literaria contemporánea. Este vínculo entre un tema literario (la serie literaria) y la situación contextual es una posibilidad de la tematología, y ha sido señalado, por ejemplo, por Gerhard Kaiser en un ensayo programático de 1980:

Los motivos y argumentos perduran durante siglos, incluso durante milenios con muy diferentes formaciones sociales y literarias [...]. Sin embargo, sus apariciones con una mayor frecuencia en determinados momentos históricos han de entenderse como signo o la marca particular de las respectivas épocas: por ejemplo, en la poesía sobre ahogados agrupada alrededor de Ofelia, como en las poesías sobre la figura de Salomé, por otro lado, se refleja la crisis de identidad de la burguesía a finales del siglo XIX y principios del XX. Esta función de indicador no la cumplen sólo grandes argumentos como el mito de Prometeo tematizado repetidamente en el siglo XVIII, sino también argumentos más reducidos y preformados en un grado mucho menor. [10] (2003, p. 253)

Al igual que los ejemplos de Kaiser, la aparición del diletantismo como tema literario a fines del siglo XVIII funciona como indicador o marca particular de época. Una vez que el investigador alcanza esa certeza, es preciso aferrarse a un marco teórico específico que permita manipular un corpus diverso y potencialmente inabarcable. La tematología, concluímos, brinda entonces las herramientas teóricas oportunas para mantener la coherencia en el uso de nociones críticas clave y para articular la relación entre obras de distintos géneros, y, en combinación con el método de la Begriffsgeschichte, permite vincular el análisis textual y la serie extra-literaria.

Bibliografía

Aschern, R., Köster, M., Vinken, J. (2019). Eine ausgezeichnete antisemitin. En dschungel. Disponible aquí.

Bassnett, S. (1993). Gender and Thematics: the Case of Guinevere. En Comparative Literature. A Critical Introduction (pp. 115-137). Oxford: Blackwell.

Beller, M. (2003 [1970]) De Stoffgeschichte a Tematología. Reflexiones sobre el método comparatista. Trad.: H. Caballero Herrero. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 101-153). Madrid: Arco/Libros.

Bremond, C. (2003 [1985]). Concepto y tema. Trad.: G. Abad García. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 167-180). Madrid: Arco/Libros.

Doležel, L. (2003 [1995]). Una semántica para la temática: el caso del doble. Trad.: A. Vega Alonso. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 257-275). Madrid: Arco/Libros.

Kaiser, G. (2003 [1980]). Argumentos y motivos. Una ejemplificación: el ahogamiento de Ofelia visto por Shakespeare, Rimbaud y Brecht. Trad.: G. Abad García. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 236-256). Madrid: Arco/Libros.

Klein, H. (1988). Themes and Thematology. New Comparison, (6) (Literary Themes), 1-17.

Koselleck, R. (2009 [1972]). Introducción al Diccionario histórico de conceptos político-sociales básicos en lengua alemana. Trad.: L. Fernández Torres. Anthropos, (223), 92-105.

Leistner, S. (2010). Dilettantismus. En K. Barck, M. Fontius, D. Schlenstedt, B. Steinwachs, F. Wolfzettel (eds.). Ästhetische Grundbegriffe (tomo II, pp 63-87). Stuttgart: Metzler.

Levin, H. (1973). Motif. En P. Winter (ed.). Dictionary of the History of Ideas. Studies of Selected Pivotal Ideas (vol. 3, pp. 235-244). Nueva York: Charles Scribner’s Sons.

Naupert, C. (2003). “Tematología y comparatismo literario, ¿un matrimonio de conveniencia?”. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 11-24). Madrid: Arco/Libros.

Prawer, S. S. (1973). Comparative Literary Studies: An Introduction. London: Duckworth.

Sollors, W. (1993) Introduction. En: W. Sollors (ed.). The Return of Thematic Criticism (pp. xi-xxiii). Cambridge: Harvard University Press.

Sollors, W. (2003 [1995]). La tematología hoy. Trad.: A. Barral Pan. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 53-84). Madrid: Arco/Libros.

Tomashevski, B. (2011 [1925]). Temática. En: T. Todorov (ed.). Teoría de la literatura de los formalistas rusos (pp. 271-314). Trad. A. M. Nethol. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Trousson, R. (2003 [1980]). Los estudios de temas: cuestiones de método. Trad.: N. González Albaladejo. En C. Naupert (ed.). Tematología y comparatismo literario (pp. 87-100). Madrid: Arco/Libros.

Weidermann, V. (2009). Standardwerk mit Lücken. Ein grotesker Kanon. En FAZ. Disponible aquí.

Notas

[1] Frenzel dice en la introducción: "Hay que demostrar que la posición que la nueva Alemania adopta hoy frente a la cuestión judía y el teatro no está ligada a la necesidad política del momento, sino que ha existido en Alemania desde el principio”. Así, como explica Weidermann, la tesis apunta a probar que “la política cultural nacionalsocialista, la quema de libros y el destierro de escritores habían estado anclados desde siempre como deseo y objetivo en la vida cultural alemana” (2009).

[2] Cf. Weidermann 2009 y Aschern/Köster/Vinken 2019.

[3] Se pueden encontrar señalamientos del mismo tipo en Naupert (2003, p. 20), Beller (2003, p. 145), Trousson (2003, p. 90), Sollors (2003, p. 56), entre otros.

[4] “Saussure seguramente no iba descaminado cuando escribía: ‘es un mal método empezar por las palabras para definir las cosas’” (Trousson, 2003: 92).

[5] Citamos aquí según Klein (1988), que adopta y expande la clasificación de Prawer (1973).

[6] Varios autores (como Prawer y Klein aquí, o Naupert) utilizan el tema como noción que abarca las unidades más pequeñas como motivo y Stoff. Cf. infra sobre motivos y tópicos.

[7] Corregimos levemente la traducción.

[8] Doležel define el campo temático como un “mini-sistema de temas relacionados” (2003, p. 264).

[9] Esto es lo que hace Simone Leistner (2010) en la entrada “Dilettantismus” del Diccionario de conceptos estéticos fundamentales (Ästhetische Grundbegriffe) de Barck et al.

[10] El subrayado es nuestro.