Enigmas del bosque oscuro

Problemas hermenéuticos en la trilogía Recuerdos del pasado de la Tierra de Liu Cixin

por Mariano Vilar

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La trilogía de Cixin Liu, El recuerdo del pasado de la Tierra (más conocida por el título de la primera novela, El problema de los tres cuerpos) suele ser clasificada como ciencia ficción “dura”. El mismo autor es muy explícito en su interés por la ciencia en general y por la astrofísica en particular. No es sorprendente que su relato sobre el primer contacto entre la raza humana y una civilización de otro planeta está repleto de especulaciones sobre posibles desarrollos de la tecnología que tienen algún apoyo en la ciencia actual. Además, la defensa apasionada que aparece en los tres libros de la investigación en ciencia básica es casi conmovedora.

Este compromiso con la ciencia real y con la especulación toma una cierta preponderancia en relación con algunos de los elementos específicamente literarios de las tres novelas. El número de personajes memorables que deja la trilogía es ínfimo, e incluso la estructura de la trama presenta más de un problema (sobre todo en la última novela, El fin de la muerte). Dado que la mayoría de nosotros solo podemos juzgar la prosa mediante traducciones, es temerario afirmar algo definitivo de su estilo. Leído en la versión en inglés de Ken Liu, sus méritos estéticos son limitados. En cierto sentido la trilogía de Liu es comparable a la serie alemana Dark, especialmente en sus últimas temporadas: allí también teníamos un producto cuyo principal interés se sostenía sobre la base de las especulaciones (en ese caso, sobre el tiempo y los mundos posibles) que lograba convertir en material narrativo. En sus momentos más virtuosos, Dark conseguía que la teorización sobre la naturaleza objetiva del tiempo se hiciera carne en el plano estrictamente subjetivo de los dilemas éticos de los protagonistas. Hoy, lo que permanece en la memoria no son los conflictos internos de Jonas o Martha, si no más bien el trasfondo sobre el que esos conflictos tienen lugar.

Para aquellos lectores que no tenemos un interés específico en la astrofísica, las especulaciones más interesantes de El recuerdo del pasado de la tierra (de ahora en más RPT) son las que tienen como núcleo al devenir de la civilización humana en un contexto intergaláctico dominado por la confrontación y la lucha por la supervivencia. Más aún que en Dark, aquí el trasfondo es todo. Después de la primera novela (la más autocontenida de las tres y quizás la más tradicional también) las dimensiones temporales y espaciales de la trama se maximizan a un punto en el que el universo de Star Wars con su senado intergaláctico parece una reunión de consorcio. Lo más interesante de RPT es que no se trata de una ampliación tradicional, basada en la presencia de razas y planetas coloridos y variados, si no en la proyección de un modelo abstracto.

Dentro de ese escenario gigantesco, la humanidad es al mismo tiempo un personaje que toma decisiones como un todo y un trasfondo frente al cual los personajes individuales deben posicionarse. Este doble juego no es inusual, y en algún punto podemos encontrarlo en la mayoría de las ficciones que tienen como conflicto la supervivencia misma de la especie humana, incluso en comedias de Netflix como Don’t Look Up. Habrá entonces un agente colectivo que toma decisiones colectivas, y agentes individuales que se recortan sobre ese colectivo sin asimilarse ni separarse por completo de él. En los términos de Roland Barthes en S/Z, RPT es un relato donde el código “proiarético” (de las acciones) tiene una preeminencia estructural fundamental. A cada paso nos preguntamos “¿qué hará ahora la humanidad?” y nos enfrentamos con el peligro permanente del nihilismo absoluto, el riesgo de que llegado un punto de la trama no haya nada por hacer.

La permanente sucesión de acciones y decisiones individuales y globales no debe ocultarnos que el fundamento último de la saga es el conocimiento. Los personajes que toman las decisiones más lúcidas lo hacen con la conciencia plena de que actúan bajo la guía de un saber trabajosamente adquirido. Las decisiones basadas en sentimientos están, en cambio, destinadas a un fracaso irremediable. Además, toda la dinámica del intercambio galáctico en RPT se basa en el problema de conocer y dar a conocer coordenadas estelares. La correlación entre saber y poder es lineal.

Descubrimiento y supervivencia

El interés por el conocimiento y el descubrimiento científico no solo afecta el contenido de RPT. Las tramas de las tres novelas están en gran parte basadas en la resolución de un problema o misterio. En los tres casos este misterio es presentado de manera tal que al lector se le ofrece la oportunidad de alcanzar parte de la solución por medios propios. Si volvemos sobre los códigos de S/Z, podríamos decir entonces que lo que determina el progreso narrativo de la trilogía es el “código hermenéutico”, el develamiento progresivo de un enigma.

El enigma en la primera novela de la trilogía adopta una forma original. Además del nombre de la novela, “el problema de los tres cuerpos” es el nombre de un juego de rol online (o MMORPG por sus siglas en inglés) diseñado por la Organización Terrícola-Trisolariana. Al interior del relato, el propósito del juego es solucionar un célebre problema físico-matemático acerca de la interacción entre los campos gravitacionales de más de dos cuerpos. Este problema reviste una importancia existencial para los trisolarianos, ya que su planeta orbita tres soles y la imposibilidad de predecir sus movimientos pone permanentemente en riesgo su supervivencia como civilización.

Muchos capítulos de la primera novela de la trilogía describen las inmersiones del protagonista, Wang Miao, en el mundo del videojuego, y su eventual descubrimiento de la naturaleza del mundo trisolariano. El mundo del juego está organizado alrededor de una pirámide gigantesca, una encarnación bastante tradicional del enigma para nuestra civilización. Como lectores, aprendemos sobre el videojuego y su propósito junto con Wang. El videojuego es un enigma dentro de otro mayor, que involucra la conspiración de la Organización Terrícola-Trisolariana y, en última instancia, el arco argumental de toda la novela.

Aunque desaparece casi completamente en la segunda y tercera novela de la trilogía, la importancia de este videojuego para entender la propuesta total de RPT no debe ser subestimada. El final es sorprendemente similar al de un videojuego: se despliega una lista de civilizaciones que lograron ser lo suficientemente relevantes como para que su memoria haya llegado al fin de los tiempos, y luego se resetea la partida. Toda la trilogía puede leerse entonces como una partida del juego diseñado por Liu Cixin cuyas reglas principales son los axiomas de la teoría del bosque oscuro. Quizás en la próxima partida la Humanidad pueda ser una supercivilización, o quizás simplemente sea más hábil para esconderse.

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Créditos: © Selenelion Visual Art (MMXVIII)

En El bosque oscuro, la segunda novela, el problema a resolver es planteado en el prólogo por Ye Wenjie al protagonista de este libro, Luo Ji. El enigma es cómo derivar un panorama del funcionamiento de las civilizaciones en el universo a partir de los cuatro axiomas de la “sociología cósmica”. Luo Ji adquiere este conocimiento bastante pronto en la novela, pero solo nos lo revelará al final, cuando se lo explique a Da Shin.

Finalmente, en El fin de la muerte, la cuestión a interpretar es nada menos que un texto literario. Recordemos brevemente el episodio: el cerebro del enfermo terminal Yun Tianming es enviado en una sonda a la flota trisolariana, que a partir de su material genético recrea todo su cuerpo. Yun, el único ser humano que habita en una nave de Trisolaris, solicita una reunión con Cheng Xin (la protagonista de El fin de la muerte) con el propósito de transmitirle información que pueda ser útil para la supervivencia de la humanidad. Sin embargo, dado que el encuentro está siendo monitoreado por los trisolarianos, que no desean ayudar a la humanidad, Yun solo puede transmitir la información de forma velada. De ahí que emplee la estrategia de diseñar un cuento de hadas explícitamente pensado para funcionar con este propósito.

Mientras que Wang en El problema de los tres cuerpos y Luo en El bosque oscuro pueden descifrar los misterios sobre el mundo trisolariano y el funcionamiento de la sociología cósmica, la interpretación del cuento de Yun es solo parcialmente eficaz. De hecho, tanto Cheng como la humanidad en general son incapaces de entender la metáfora principal del relato, que anticipaba que nuestro sistema solar corría el riesgo de ser destruido al ser reducido a dos dimensiones, y también al hecho de que las únicas vías posibles de salvación consistían en la investigación y eventual aprovechamiento de la velocidad de la luz.

Si bien es discutible que el problema con el relato de Yun haya sido exclusivamente hermenéutico (a fin de cuentas, Cheng y otros personajes descubre las metáforas ligadas al desarrollo de la tecnología para viajar a la velocidad de la luz), no deja ser interesante que de los tres grandes juegos de interpretación que propone RPT, sea precisamente el literario el que termine resultando insuperable. El motivo formal es explicado en la misma novela: Yun utilizó metáforas de distintos niveles, así como también juegos fonéticos. Es decir, no empleó un código homogéneo en todas las secciones del texto, pero no proveyó elementos para determinar qué código sirve para cada sección. Por este motivo, el sentido del relato no puede ser resuelto como un problema de física, o como un problema sociológico-matemático. No hay reglas de derivación para la interpretación literaria. La interpretación literaria es un fenómeno persuasivo y pragmático. Los acontecimientos de El fin de la muerte revelan que buena parte del fracaso se debe a conflictos entre personajes (Cheng y Wade, por ejemplo) y visiones del mundo. No deja de resultar posible imaginar, sin embargo, un desarrollo alternativo para la trilogía en el que un Roland Barthes chino pudiera desplegar a la perfección los semas del cuento de hadas de Yun y salvar el sistema solar.

Las leyes de la física y el bosque oscuro

El primer postulado de la teoría del bosque oscuro señala que la expansión irrefrenable de la vida en el universo implica que los recursos son, en última instancia, insuficientes. En otras palabras: no alcanza para todos. De ahí que la vida en el espacio exterior conduzca al imperialismo y al abandono de cualquier impulso empático.

Tal como explica Luo Ji a Da Shing al final de la segunda novela, el motivo por el que los postulados del bosque oscuro son inflexibles deriva de las condiciones objetivas del contacto intergaláctico, que son diferentes de las condiciones que se producen en el contacto entre civilizaciones en el espacio de un único planeta y una única especie. El hecho de que las civilizaciones estén separadas por años luz de distancia, sumado a que una civilización puede lograr un desarrollo tecnológico sorprendente en una cantidad de tiempo muy pequeña (como pasó, de hecho, con la humanidad desde el siglo XVIII) tiene consecuencias determinantes para la teoría. Justamente, la eficacia de la sociología cósmica deriva de que se basa en las leyes de la física. Pero en El fin de la muerte aprendemos que las leyes de la física no son inmutables. Usar la física como un arma no consiste solamente en aprovecharla (como hace cualquier arma, desde una flecha hasta un misil guiado por satélite), sino sobre todo en modificarla. Una vez que se alcanza cierto desarrollo tecnológico, las supercivilizaciones adquieren la capacidad de alterar las leyes del universo.

Existe aquí una ambigüedad, sin embargo, que las novelas no resuelven. Queda definitivamente establecido que las supercivilizaciones intergalácticas tienen la posibilidad de achicar dimensiones y reducir la velocidad de la luz, pero no parece posible que puedan aumentarlas. Es decir, todo indica que pueden empobrecer el universo, no convertirlo en un nuevo Edén. La ley de la entropía es tan inflexible en el universo de RPT como en el nuestro. Para poder lograr revertirla solo es posible reiniciar la partida, como sucede al final de El fin de la muerte. Finalmente, la teoría del bosque oscuro no está basada en las leyes de la física, sino a la inversa.

Si las supercivilizaciones pueden moldear la naturaleza de forma tan radical, ¿por qué los seres vivientes no pueden transformar este universo en uno paradisíaco sin necesidad de entregarse al azar del reboot cósmico? En algún punto la situación recuerda a una objeción que hicieron muchos espectadores de Avengers: Infinity Wars. ¿Por qué Thanos decide aniquilar al 50% de la población del universo en vez de duplicar la cantidad de recursos que existen en él? Quizás la única respuesta sea que Thanos es un villano, un sádico, y como tal, disfruta de la crueldad, aunque trate de disimularlo con teorías muy elaboradas.

Quien recuerde aunque sea parcialmente El fin de la muerte estará pensando seguramente en Thomas Wade, cuyas similitudes con Thanos son bastante fáciles de identificar. El hecho de que Cixin Liu entregue a este personaje algunas de las declaraciones más impactantes y memorables sobre el destino de la Humanidad no es un dato menor, y nos hace preguntarnos si en última instancia la trilogía conlleva un mensaje fascista (además de masculinista). ¿Qué hay más fascista que decir que 1) los recursos no alcanzan para todos; 2) todo es un arma; 3) la única relación racional entre los sujetos es la agresión? Además, la democracia y la supervivencia están siempre en tensión en la trilogía.

Como el cuento de hadas de Yun Tianmig, no podemos aseverar que esta sea la interpretación más adecuada para todos los niveles y códigos que se entrecruzan en Recuerdos del pasado de la Tierra. Quizás es en la presentación de este universo de hostilidad y sospecha en donde podemos entrever una crítica de nuestro presente mucho más radical que las que solemos encontrar en ficciones superficialmente progresistas.

Finalicemos con las palabras del único crítico literario (que no tiene nombre) que aparece en la trilogía:

—Sé que es poco probable que a partir de ahora mi grupo pueda aportar algo útil. Pero primero me gustaría decir algunas palabras —dijo, y levantando el documento de la tapa azul añadió—: lamento decirles que dudo de que este mensaje pueda descifrarse algún día.
—¿Por qué lo dice? —preguntó el presidente.
—Estamos intentando determinar el rumbo estratégico de la lucha de la humanidad por su futuro. Si de verdad existe un mensaje, sea cual sea, debe de tener un significado específico. No podemos elaborar directrices estratégicas a partir de una información ambigua, aunque la ambigüedad es algo intrínseco de la expresión literaria. Estoy seguro de que el auténtico significado de las tres historias se esconde en un plano muy profundo, lo cual hace que las interpretaciones sean todavía más vagas y ambiguas. La dificultad ante la que nos encontramos no es el hecho de que no podamos sacar nada claro de las tres historias, sino que hay demasiadas interpretaciones plausibles y no podemos estar seguros de ninguna de ellas.