Las minorías sean unidas

Reseña sobre Violencia de Estado, guerra, resistencia. Para una nueva política de izquierda.

por Ludmila Rogel

Violencia de Estado, guerra, resistencia. Por una nueva política de la izquierda es el título que lleva la conferencia que Judith Butler dio el año pasado en Barcelona. Su transcripción conforma la primera parte; y una entrevista a la autora, realizada en el año 2008 y completada para este pequeño libro editado por Katz, la segunda.

Judith Butler es investigadora y profesora, conocida sobre todo por su trabajo en el área del feminismo y la teoría queer; aunque sus últimas producciones están dedicadas al campo de la filosofía política y la ética.

El objetivo de esta conferencia es repensar las bases para una nueva izquierda que reúna a las minorías (de todo tipo), que son para Butler los focos de resistencia a los discursos homogeneizantes. La conferencia parte de dos problemáticas, estrechamente vinculadas: la relación entre la guerra y las culturas visuales, y la relación entre la precariedad y la crítica al poder del estado. Por eso, las preguntas centrales de la conferencia son de qué manera la representación de la guerra es una forma de hacer la guerra; y, en el mismo sentido, cómo la regulación de la violencia es una forma de violencia. La hipótesis desarrollada es que las cámaras y sus imágenes son instrumentos materiales de la guerra. A estas ideas Butler ya les dedicó un libro, editado en 2009, Marcos de guerra.

Si bien Butler no parte de una noción de realidad radicalmente posmo (i.e. la realidad es ficción), piensa que siempre hay fuerzas en tensión por representar mejor la realidad. Eso implica que hay más de una representación de la realidad y que cada representación depende de un sistema de creencias particular. “Toda guerra es una guerra por los sentidos” (Butler 2011: 29).

En este contexto, los medios de comunicación y las políticas de Estado son los principales agentes proveedores de parámetros ontológicos; conforman a la vez que modelan nuestros sistemas de creencias, no revisados, la mayoría de las veces. Estos establecen los límites de lo visible, audible y pensable. Establecen la imagen, pero, también, el modo de verla; lo que queda por dentro de los marcos es pensable, lo que queda por fuera, no. Como una variante de la famosa frase “la forma hace al contenido”, el marco hace a la imagen y a sus efectos. Porque hace a lo que vemos y a los que sentimos consecuencia de lo que vemos. Butler insiste en que el poder del discurso para producir la realidad es inseparable de su poder para describirla. Esta concepción del lenguaje es el marco teórico de su crítica a la categorización de los cuerpos, que es el hilo conductor de su pensamiento a lo largo de los años: desde la categorización en relación con el sexo (como hombre o mujer) a la categorización en relación con el territorio o el estado (como “inmigrante”, “ciudadano”, “civil”, “soldado”).

La regulación de las representaciones en los medios de comunicación permite un control casi total de la población en el terreno afectivo y epistemológico, no dando lugar a la resistencia. Butler lo demuestra con dos ejemplos: la reclusión de soldados estadounidenses llevada a cabo por los medios de comunicación donde se ofrece una visión global de la guerra atravesada por la distancia geográfica, que tiene por consecuencia que los adeptos busquen insertarse en el sistema sin importarles o preguntarse, al menos, por la justificación de la guerra en la que embarcan. En el otro ejemplo, analiza lo que “cuentan” las cifras al momento de contabilizar los daños colaterales de la guerra. Este ejemplo es muy claro para observar de qué manera a partir de las categorías puede manipularse no sólo la representación de los daños sino, lo que es peor, la manipulación de las vidas humanas, estableciendo una diferencia entre vidas que valen la pena y vidas que no; de manera que no todas las muertes son asesinatos, hay muertes justificadas por los conceptos. Las cifras son, entonces, marcos que establecen no sólo el límite de lo pensable, sino también, que “lo que queda por fuera del marco es más fácil de destruir” (2011: 24)

El estudio y desarmado crítico de los marcos de representación ponen al descubierto las formas implícitas de censura que constituyen la inteligibilidad de la guerra, como cuando se habla de “lucha por la libertad” en vez de “guerra”. Todo marco, explica Butler, es una forma de excluir y deslegitimar otras realidades. Butler propone como resistencia ofrecer una forma de contar que mejore la desigualdad que impregna los sistemas dominantes de conceptualización y afecto; por eso llama a la lucha por una libertad basada en la igualdad. Desde este punto de vista, la salida no es la asimilación ni el cosmopolitismo al estilo europeo, sino quizás hacernos conscientes de la heterogeneidad y observar las diferencias. Butler aboga por una política que tome en cuenta las restricciones impuestas por las categorías, de manera que podamos observar la precariedad y vulnerabilidad que presiden nuestras vidas como instrumentos de la maquinaria estatal.

La nueva política de izquierda debería concentrarse sobre todo en desarmar la posición epistemológica imperante y su modo de recepción pasivo. Zizek señala un camino similar como estrategia política de la izquierda: prestar más atención a lo no dicho, ya que las apariencias dicen mucho sobre lo que el oponente desea ocultar. (Zizek, 2003: 148.) Pero también, debe concentrarse en generar alianzas que reúnan las minorías sobre las que pesan la categorización de los cuerpos, y que estas alianzas, conformadas por fuera de las regulaciones de los Estados-nación, busquen volver a argumentar sobre lo que está bien y lo que está mal.

Butler es parte de los movimientos sociales sobre los que escribe y eso se percibe en la vitalidad de su discurso. En este libro se puede observar la correlación y el natural devenir de sus ideas desde la primera distinción entre sexo y género, a la ideas de vulnerabilidad y precariedad para pensar las vidas humanas, que también parten de la materialidad de los cuerpos, la incidencia de las políticas que los administran y la necesidad de subrayar la interdependencia que existe entre ellos. A pesar de la forma de individualismo discursivamente hegemónico en el que vivimos.

La preguntas que abre Butler y sus propuestas no brillan por su originalidad sino por la insistencia con la que son pronunciadas. Es un llamado a la reflexión sobre “la responsabilidad que tenemos respecto de un mundo que uno no ha hecho y que no controla plenamente.” (Butler, 2011: 68).

Bibliografía

Butler, J. (2011). Violencia de Estado, guerra, resistencia. Por una nueva política de la izquierda. Madrid: Katz

Zizek, S. (2003). “Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”; en: Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires: Paidós.