Tetragramatón revisitado

Sobre la Introducción a la narratología de Matías Martínez y Michael Scheffel.

por Ezequiel Vila

Introducción a la Introducción

A fines del año pasado se editó por primera vez en castellano Introducción a la narratología. Hacia un modelo analítico-descriptivo de la narración ficcional (ed. Las Cuarenta) de Matías Martínez y Michael Scheffel, ambos profesores de la universidad de Wuppertal (Alemania) y miembros del Centro de Investigaciones Narratológicas que allí funciona. El texto, originalmente publicado en Alemania en 1999 y actualizado en sus posteriores reediciones hasta 2010, mezcla para nosotros el sabor de lo exótico y lo conocido. Desde el inesquivable Gérard Genette a nuestro caro Lubomír Doležel pasando por un mosaico de variopintos teóricos alemanes, ingleses y norteamericanos, el libro ofrece una oportunidad inmejorable para repasar las bases y conocer nuevas perspectivas de un campo a veces olvidado en el ámbito de los estudios literarios.

Hemos mencionado en otras ocasiones la diferencia de nuestro medio local respecto de la importancia que se le sigue dando a estos temas en otros lugares del mundo, fundamentalmente en Estados Unidos, en donde términos como plot/story, flashback o suspension of disbelief son de uso extendido, no ya en disertaciones académicas sino en los debates vía foros entre aficionados de cualquier serie televisiva o historieta. No es casualidad que el monstruo narratológico que es TvTropes haya podido gestarse a partir de un sitio de fans de Buffy, the vampire slayer. Si bien el panorama alemán parece distar de esta situación (aunque también habría que objetar la exclusividad anglosajona de estas comunidades online angloparlantes, pobladas de hablantes no nativos) Martínez y Scheffel rescatan una tradición de estudios narratológicos internacionales y germanos y podemos suponer que ellos mismos dan un paso importante a ese respecto con este volumen.

Por otra parte, la edición de este libro por parte de Las Cuarenta aquí y ahora es afortunada en cuanto la presencia de materiales similares es casi nula. De los viejos libros de Genette apenas quedan unos cuantos ejemplares en algún instituto perdido del edificio de 25 de Mayo; hace años que la compilación Analisis estructural del relato, un libro fundamental que reúne textos del estructuralismo temprano, circula únicamente (y, vale agregar, afortunadamente) en fotocopias o digitalizado; la recomendable Introducción a la narratología de Mieke Bal todavía es conseguible pero a un precio exorbitante para sus magras 150 páginas. Aún conociendo estos referentes la propuesta de Martínez y Scheffel no carece de valor, a continuación me referiré a algunos de sus puntos más altos.

Nomenclatura

Quizás uno de los inconvenientes más irritantes de las herramientas narratológicas pueda explicarse por analogía a la siguiente historieta:

Fuente: XKCD

Existen demasiados estudios que se ocupan de objetos similares en pleno desconocimiento uno de otro, tampoco suele haber una preeminencia clara de alguno de ellos en determinados ámbitos académicos. Martínez y Scheffel aluden específicamente a este problema en el Prólogo cuando dicen sobre la narratología que:

(...)ha llegado a establecerse como una de las pocas disciplinas básicas de la teoría literaria -junto a la métrica, la retórica y la estilística-, pero, por otro lado, no ha producido hasta el día de hoy conceptos unitarios, ni se ha sistematizado convincentemente. (Martínez y Scheffel, 2011:13)

Una de las tentativas más claras en dirección a este propósito en la Introducción... es el cruce de categorías similares o idénticas que realizan los autores y la correspondiente contextualización. Uno de los ejemplos más claros se observa en el caso de los niveles de la narración, tomando como punto de partida el trabajo de Genette (algo que será una constante a lo largo de todo el libro) Martínez y Scheffel pasan a recuperar algunas categorías clásicas y muy difundidas para después proponer una estructura que las englobe a todas. Esta información queda volcada en un cuadro comparativo, que aquí reproduzco parcialmente:

Alcanza con ver la distribución del término “historia” (y sus equivalentes) a lo largo de las seis columnas para entender las complicaciones que pueden surgir del diálogo entre dos marcos teóricos narratológicos quizás similares. Si bien el problema de la unificación del código no queda resuelto, esta tabla de equivalencias ayuda a aclarar un poco el panorama y establece, no un standard, pero sí un punto de comparación. Si bien esta tabla configura un caso extremo, no es también un caso aislado: el texto establece estas identidades con frecuencia.

Como consecuencia de esta preocupación por la nomenclatura de los conceptos, Martínez y Scheffel de algún modo no dejan de historizar el derrotero de la disciplina, o al menos hacer un relato a partir de ciertas paradas obligadas, algo que ciertamente resulta difícil de hallar en manuales de este estilo y que es especialmente útil para quien se acerca por primera vez a la materia y no dispone de la competencia para separar las contribuciones clásicas de reformulaciones o embates rupturistas. Ayuda a completar este cuadro el vasto apartado de referencias bibliográficas y el índice de temas y autores que acompañan esta edición. Es cierto que la contracara para este “salpicón” de teorías es que la mayoría de las veces el desarrollo conceptual de cada categoría y su puesta en funcionamiento en ejemplos carece de la profundidad y la insistencia de otros trabajos. Por ejemplo, la categoría de “focalización” que en la Introducción a la narratología de Mieke Bal ocupa unas doce páginas, en este estudio ocupa tan solo seis.

Ontología

Otro de los elementos que distingue este libro de la mayoría de sus predecesores es el que se presenta en el primer capítulo. Antes de ingresar a la pregunta por los niveles de la narración, antes de ingresar en los entuertos del tiempo y el espacio, antes de discutir los diferentes tipos de focalizadores y narradores, Martínez y Scheffel se ocupan de un interrogante mucho más primario: ¿qué es la narración? Los autores ensayan algunas respuestas que los obligan a diferenciar dos tipos de narraciones: aquellas que componen relatos factuales y aquellas que componen relatos ficcionales. Los relatos factuales son aquellos que se narran en el marco del discurso cotidiano, sean reales o inventados. Los relatos ficcionales, en cambio, se narran en el marco del discurso poético y escapan a cualquier tipo de correspondencia con nuestro mundo. Martínez y Scheffel hacen énfasis especialmente en la imposibilidad de que un discurso ficcional sea falso. Los objetos del discurso ficcional no se corresponden con los objetos del discurso factual:

(...) para que pueda desplegar su efecto, tenemos que entender su discurso como el discurso auténtico (aunque ficticio) de un hablante determinado (aunque ficticio) que no se refiere a la nada, sino a objetos determinados (aunque, en parte, ficticios). (Martínez y Scheffel, 2011: 26-27)

Sobre este fundamento reposa el libro entero: los relatos ficcionales son parte de una doble comunicación. Por un lado, tiene lugar con ellos una situación comunicativa real entre un autor real y un lector real; pero dentro de ésta hay una segunda situación comunicativa, imaginaria, en la que un narrador ficticio se dirige a un oyente/lector ficticio. Esta idea, deudora de las propuestas de Wayne Booth, permite aseverar que el autor real produce afirmaciones reales pero inauténticas que al mismo tiempo son auténticas pero imaginarias para el narrador ficticio.

Más adelante, Martínez y Scheffel discutirán a este respecto con las corrientes de narrativas de mundos posibles (Doležel, Pavel, Ryan). Allí se argumenta que al otorgarle a la ficción un estatuto ontológico diferente, la integración con el mundo del lector resulta menos compleja que en el caso de las narrativas de mundos posibles, las cuales entienden a la ficción como la afirmación de otra factualidad posible. El choque entre estas perspectivas parece cuando menos interesante, aunque lamentablemente la confrontación se abandona con poco detalle. Sin embargo, es un ejemplo de utilidad para comprender el aporte de un problema puramente teórico, en un nivel elemental, a un estudio analítico-descriptivo. El libro no se conforma con la compilación de corrientes diversas sino que se encarga de defender una postura teórica bajo la cual probar, incorporar o desechar aportes de diferentes sectores de la teoría literaria.

Interdisciplina

Una crítica que esta obra puede admitir tranquilamente es la del eclecticismo. Como mencionamos, se recogen trabajos de estructuralistas, del new criticism, de románticos, del formalismo ruso, de filólogos, de narratólogos contemporáneos. Los autores no dejan de estar al tanto de esta característica:

Nuestra presentación es, en algunas partes, ecléctica, pero no compilatoria. El hecho de que no se siga aquí un único paradigma, sino que se reúnen las perspectivas de diferentes tradiciones a fin de desarrollar un modelo de análisis de la narración ficcional lo más útil posible, esperamos, será considerado por las lectoras y los lectores como una ventaja. (Martínez y Scheffel, 2011:14)

De hecho, este eclecticismo manifiesto tiene que ver tanto con el objetivo de unificar un lenguaje específico de la disciplina como con la necesidad de generar un modelo de mayor ajuste descriptivo.

Por si esto fuera poco, el libro incluye un capítulo extenso dedicado a modelos narratológicos fuera del marco de la teoría literaria. Puntualmente, las corrientes extratextuales repasadas son: la sociolingüística del relato cotidiano de Labov, Waletzky y van Dijk; la psicología cognitiva (Thorndyke, Brewer, Ong); algunas propuestas renovadas de la antropología cultural y la historiografía (el caso que toma es el de Hayden White). Más allá de la fortuna con que logre imponerse o aliarse con estas perspectivas, es ciertamente refrescante leer cualquier polémica entre el análisis formal y una corriente analítica posterior a los años 60.

El punto que Martínez y Scheffel rescatan de la sociolingüística es que en su investigación de comportamientos narrativos concretos entendemos algo del orden de la composición que resulta difícil encontrar de manera tan directa en los relatos ficcionales. Fundamentalmente, que todo relato está cargado de elementos evaluativos y afectivos.

De una forma parecida la psicología cognitiva vendría a confirmar lo mismo desde otro área de investigación, pero en este caso se hipotetiza una suerte de dialéctica dinámica entre la construcción de la representación del mundo a partir de las narraciones y la construcción de los mundos narrativos a través de nuestra representación del mundo. Resulta particularmente útil, además, para la propuesta teórica de este libro, la representación cognitiva de las acciones como un mecanismo independiente al “modo” en que se las relata; algo que los autores presentan como una confirmación a la separación entre el “qué” (primera parte del libro) y el “cómo” (segunda y más abultada parte).

En cuanto a la antropología cultural, no hay ninguna diferencia sustancial que se recupere respecto del análisis semiótico de la “estructura profunda” como lo conocemos en Lévi-Strauss; sin embargo, el texto repone el derrotero de una disciplina que ha seguido vigente independientemente en su área de interés.

Quizás el caso de menor diálogo sea el de Hayden White, que los autores se encargan de sintetizar satisfactoriamente pero cuyo potencial de modificación o disputa con la narratología textualista queda completamente abandonado. Sobre todo, más allá de una pequeña mención, las implicancias que tiene el trabajo de White con la historia respecto de la división fundamental del libro entre relato ficcional y relato factual quedan huérfanas de interpretaciones.

Como toda introducción, el libro de Martínez y Scheffel se presenta como una oportunidad para abrir el panorama y empezar a conocer las herramientas de una disciplina básica de nuestros estudios literarios. Si bien de a tramos carece de la profundidad que un estudioso experimentado desearía, gracias a su prodigalidad de enfoques logra ser un excelente mapa desde el cual planificar una incursión más prolongada a otros textos.


Referencias

-Martínez, Matías y Michael Scheffel. 2011. Introducción a la narratología. Hacia un modelo analítico-descriptivo de la narración ficcional. Buenos Aires: Las Cuarenta.