La Rayuela Filológica de Werner Hamacher

Reseña de 95 tesis sobre la Filología

por Agustina Del Vigo

“El goce en el hecho de que lo indefinido se define paulatinamente” 95 sqq (sequentibus)

No todo libro es lo que parece y muchos otros no pueden más que serlo. Las 95 tesis sobre la Filología de Werner Hamacher decididamente es uno de esos libros que uno no sabe cómo abordar. De texto breve pero complejo -en tanto profundamente analítico de su objeto de estudio-, taxativo en sus postulados pero confuso desde su diseño -una tapa y una contratapa que habilitan la lectura de dos textos en principio diferentes-, este libro ofrece varias certezas, pero también infinidad de preguntas. Si por momentos el lector se encuentra con una prosa amena y explicativa, por otros la escritura deviene rizomática e incierta, habilitándose un espacio para la duda. Un espacio en el que la digresión no puede ser más que productiva en tanto posibilita el surgimiento de lo nuevo. Es así que en las 95 tesis no sólo el texto experimenta con uno y lo pone a prueba, sino que además el lector mismo interactúa con el libro –como objeto, como juego- definiendo su propio mapa de lectura. Es así entonces que será esta la reseña de un libro, pero también la de una experiencia vivida.

Cielo

Una tapa, un título….una ¿contratapa? Y un ¿título? La edición de Miño y Dávila nos enfrenta apenas se toma el texto a una pregunta ya olvidada por presupuesta: ¿Por dónde empieza este libro? Y es ahí donde, al decir de la vieja colección de relatos infantiles, el lector Elige Su Propia Aventura. Este libro, que encierra dos textos que bien podrían pensarse como reformulaciones mutuas, nos ofrece en una de sus tapas las 95 tesis sobre la Filología (95 pequeños ítems que exploran las características de la Filología y la Filosofía del Lenguaje), mientras que en la otra –ya no importa que sea contra o tapa- directamente empieza una narración titulada “Para – la Filología” que se continúa apenas se accede a la primera hoja del libro. La tipografía de este relato juega con la vista: letras lo suficientemente grandes como para simular ser un título, de a poco se van empequeñeciendo al llegar al final de la tapa, que termina con un “El”, misterioso artículo definido sin objeto de definición, que aviva nuestra curiosidad lectora y nos lleva a abrir el libro donde, sin solución de continuidad, podemos comenzar –proseguir mejor dicho- la lectura de un artículo que podría pensarse ensayístico. Esta lectura, ya definida desde sus inicios por la duda, la hesitación producto del choque con lo extraño, será el acto fundacional de un texto que se nos presenta no menos problematizador en su diseño que en su contenido. Dije que esta reseña será también el relato de una experiencia propia; y eso fue empezar el libro de Hamacher por esta tapa.

Este camino, donde la desnaturalización de los presupuestos se vuelve la norma, podría decirse que comienza para el lector desde su primer acercamiento al libro como objeto. Y sin duda se continúa en la lectura del contenido. El lector comenzará a sumergirse en la tesis del autor, pero ya involuntariamente –o inevitablemente, siguiendo el pensamiento de Hamacher- ha sido sometido a un pequeño ejercicio filológico, que lo llevó al análisis pormenorizado del soporte textual (la edición) y sobre todo al cuestionamiento de las formas en las que se inscribe el texto. Y cuando uno ya esta en el baile, no le queda más que bailar.

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“Hay un afecto anti-filológico. Entre las humanidades la filóloga es considerada, cada vez más, como una tarea menor…”. Así comienza el ensayo. Sin rodeo alguno, la edición de Miño y Dávila nos estampa en la misma exterioridad del libro la crítica de Hamacher hacia aquellos que desestiman la disciplina de su devoción. Y digo devoción porque más allá de explorar la (in)definición de la Filología como la disciplina que se aboca al estudio del lenguaje (del lenguaje en sí, para sí, fuera de sí…y todos los complementos proposicionales que puedan sumársele a la cadena), el libro de Werner Hamacher en realidad es un texto sobre el amor. Amor entendido como una vocación –con todo lo que ese vocativo implica- que llama a su interlocutora (la Filología), la nombra una y mil veces para establecer el diálogo con ella, el objeto de su deseo. Pero amor también entendido como la definición misma del lenguaje y de la Filología como su amante: “El lenguaje ama. Quien lo ama, como el filólogo, ama en él al amor” (Hamacher1 2011: 21) [1]. Como se define al lenguaje como “afecto por él y por otro [lenguaje]” la Filología termina postulándose como “el afecto por el lenguaje como afecto” (Hamacher2 2011: 15). Resulta interesante ver cómo se redefine la imagen de la disciplina al emparentarla con el amor: de una tarea propia de especialistas, apartada del mundo –dice Hamacher- pasa a adquirir cotidianeidad en él -como una característica inmanente-, y una democratización revitalizadora.

Esa philia, inserta en la etimología del término filo-logía, dice Hamacher, no tiene que ver con un amor al logos como saber, ya que la Filología se estructura por sobre todo como un conocimiento menos aprensible que afectivo. Y esto se debe a otra característica que la disciplina tendría: es aquello que, como el lenguaje, resulta indefinible, pero que no puede faltar para definir el mundo. Para Hamacher, filósofo y poeta enamorado, la Filología -su amada- efectivamente lo abarca todo, y en esa inconmensurabilidad, sólo resta la nada entendida no como el fin sino el comienzo de todas las cosas. Y digo comienzo porque lo interesante es que la Filología no debería morir en la mera búsqueda de significados – dice el autor- sino que su esencia reside en arder como “futuridad”, en ser el garante de que el conocimiento siempre pueda expandirse. Es la posibilidad latente de cualquier presupuesto de ir más allá de sí mismo. A medida que avanza la lectura de “Para – la Filología”, podemos ver la estabilización de la tipografía y la desestabilización del contenido, que se vuelve cada vez más complejo. El segundo nivel de extrañamiento al que se nos somete implica el acceso a una especie de “laberinto mental” -¿El del propio Hamacher?- en el que el lector se ve inmerso a medida que avanza el texto. El lenguaje adquiere un nivel de abstracción no propicio para el lector distraído. Por momentos pareciéramos hallarnos en una calesita construida de silogismos, cuyo significado se nos escapa en el momento exacto de su clausura -como la sortija en la mano del calesitero- , abriendose otro nivel de complejidad con el que -una vez más- el texto nos sorprende, mientras nos va devolviendo, como una fuerza centrípeta, al centro de la brain storm de Hamacher. La escritura provocativa, pide a su vez una lectura beligerante. Y es sólo a través de ese “palabras tomar” que vamos accediendo a lo nuevo, que por otra parte siempre implica una confrontación inicial con lo ya establecido. En última instancia la Filología también es eso. Es tomar distancia para poder hablar de lo que ya está. Es esa misma distancia, esa transición entre un lenguaje que se desprende de lo que era para convertirse en lo que será. Porque para Hamacher la Filología es un sistema menos explicativo que expansivo, habla con la lengua pero no en su mismo idioma. Para – la Filología: “estar al margen de” para poder hablar de ello y “Para la Filología” como un regalo, para no olvidarnos del amor. Termina el ensayo y la letra se va agrandando nuevamente; la llegada se nos presenta como una nueva partida: “La Filología comienza en tanto vuelve a comenzar” (Hamacher1 2011: 57).

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Poniendo de cabeza el libro y abriendo la portada restante, se habilita la lectura una vez más. Una lectura por ítems, que por ser más cortos no necesariamente resultan menos complejos. La condensación teórica no facilita la agilidad de lectura que presupondría el formato. Las 95 tesis en realidad son 95 menos 1, porque la 48 esta vacía. Pero Hamacher nos dice que del silencio también puede hablarse, y la Filología también debe hablar de lo que no es (o no fue). Eso afirma en la tesis 47. Luego, otra vez: bienvenido el juego tipográfico. Pero el silencio de la escritura y del sonido al que nos somete Hamacher, no alcanza a acallar nuestro pensamiento, que llena ese vacío visual con lo aprendido. La Filología: dos caras de una misma moneda, o de un mismo libro con dos caras.

Las 95 tesis resumen muchos puntos principales del ensayo: la definición de la Filología como una disciplina que alude a otro lenguaje pero que no puede más que evocarlo, ya que, siendo aún ella misma discurso y palabra, mientras más se acerca a su objeto más debe alejarse para (re)definirse.¿Qué es una pregunta filológica? Es justamente a través de una pregunta –o varias- que Hamacher nos propone definir la Filología por lo que ella efectivamente es y no a partir de otras disciplinas. Y es que como nos dice el autor, un aspecto esencial de la Filología será –justamente- el constituirse como una pregunta que tal vez nunca sabrá su respuesta: “La perplejidad de no saber y quizás de nunca poder saber qué es lo que hace es la filología misma” (Hamacher1 2011: 15).

En las 95 tesis muchas cosas se reescriben, complementan, y profundizan sumándose ejemplos de otros autores para ilustrar algún punto e incluso, haciéndole preguntas al mismo lector. Pero como la lengua no puede hablar de ella misma más que “poniéndose al margen” de sí y constituyéndose, necesariamente, en otra cosa –para que no se diga que nada nos ha quedado luego de la experiencia “Werner Hamacher”- las tesis son y no son el mismo texto. Ningún desperdicio tiene el concepto de objeu –logohíbrido, producto de la síntesis del francés object y jeu - derivado de la tesis 49. Termino tomado de Francis Ponge, “El objeu es el objeto que mantiene en el juego su libertad, no para paralizarse en un objeto del sujeto.” (Hamacher2 2011: 21). Esto no sólo implica la reafirmación de la irreductibilidad del lenguaje a definiciones univocas, sino que presupone la indeterminación de la Filología, disciplina itinerante, camaleónica: es la posibilidad de lo inquebrantable, producto de la flexibilidad que sólo otorga la libertad. Y es eso lo que las define a ambas. Entonces el lector comienza a sospechar llegando al final de la aventura, que la Filología para Werner Hamacher se define más por lo que no es –y no debería ser jamás- que por lo que es, lo cual le habilita, en su indeterminación constitutiva, la búsqueda de aquello que está más allá de ella misma. La conclusión que nos deja el autor es que sólo en ese momento ella puede ser. En esa transitividad, en ese viaje entre la negación de lo que es al momento de partir y lo que puede llegar a ser: ella es “su no y su después” (Hamacher2 2011: 29).

Tierra

La edición de Miño y Dávila incluyó el texto de Hamacher en su colección “Biblioteca de la Filosofía Venidera”. El espíritu que define las obras publicadas allí se rige entre otras cosas, por una concepción de la novedad como esencialmente anacrónica y siempre polémica. En las 95 tesis no todo es amor y libertad para la Filología, sino que también hay lugar para la batalla. Allí encontramos una fuerte denuncia hacia “la fabricación industrial del lenguaje”, que enmudece –no habla-, que se automatiza –no crea-. Si la Filología es el amor al non sequitur (tesis Nº 37), a convertirse una y otra vez en una proposición –una falacia- que ni sus premisas de origen –el lenguaje- pueden definir, ¿Cómo no debería ser la primera oveja que se aparte del rebaño de la producción estandarizada? Mal acostumbrados nos tenía Hamacher a las definiciones amorosas a la hora de ponerse beligerante. Pero, ¿Acaso no es sabido que los que se pelean se aman? Como en la guerra y el amor, como en la Filología y en este libro, no todo lo que aparenta efectivamente es: “La filología es el caballo troyano en los muros de nuestros lenguajes adormecidos. Cuando despierten…” (Hamacher2 2011: 34). La amenaza cifrada en el silencio de esos tres puntos, es la exacta representación de la fortaleza del tipo de Filología que se nos invita a ejercer. Y a tomar las 95 tesis, como quien dice “al toro por las astas”. Como quien tira la primera piedra, ya sea para la lucha o –simplemente- comenzar el juego. Siempre con los pies en la Tierra, que es, naturalmente, donde comienza toda buena Rayuela.


Información bibliográfica

Hamacher, Werner (2011) Para la Filología - 95 tesis sobre la Filología. Buenos Aires: Miño y Dávila. Trad. Laura Carugati, rev. Fabián Ludueña. 96 páginas.

Notas

[1] Por cuestiones practicas, las citas Hamacher1 serán sobre el texto “Para – la Filología” y Hamacher 2 sobre “95 tesis sobre la Filología”