Encuesta a Jóvenes Investigadores

Primera Serie

por Grupo Luthor

Durante los números 10, 11 y 12 de esta revista, publicamos una serie de entrevistas bajo el título “Encuesta a la Teoría”, en las que hicimos una misma serie de preguntas a investigadores del área de Letras, con un carácter exploratorio respecto de las posturas y discursos que circulan en torno al lugar de la teoría en la investigación literaria. Para el número 13, Mariano Vilar y Guadalupe Campos hicieron un balance de ese recorrido meandroso entre investigadores de temas diversos, para plantear algunas reflexiones de conjunto, en buena medida surgidas del comentario y, en ocasiones, debate entre los integrantes del presente comité editor respecto del material por necesidad fragmentado y fragmentario que aquella primera aproximación significó.

Esta Primera Serie de encuestas a Jóvenes Investigadores tiene por objeto continuar la exploración abierta por aquella primera Encuesta a la Teoría, esta vez apuntando hacia quienes están iniciando sus proyectos y/o desarrollándolos en el marco de la elaboración de una tesis doctoral, en el primer paso hacia la especialización en áreas diversas de la investigación en Letras. Las preguntas, como el lector atento podrá observar, guardan bastante relación con las realizadas en la primera Encuesta antes mencionada. También son, como en aquella ocasión, cuatro interrogantes, y apuntan en su mayoría a explorar el lugar de la teoría y su relación con la metodología de la investigación literaria, una vez que entra en contacto con textos y problemas concretos. En este caso, sin embargo, hemos decidido apuntar más hacia las condiciones de formación y de, si se quiere, inserción social de este tipo de trabajo, y a preguntar (y preguntarnos) sobre la posibilidad de algún nivel de autonomía de la investigación en general como de la investigación en particular.

En esta ocasión responden Ely V. Di Croce (EDC), doctoranda y docente de la UNLP integrante de la cátedra de Literatura Española I, Fernando Bogado (FB), Licenciado y Profesor en Letras de la UBA, Ayudante de Primera allí mismo dentro de la cátedra de Teoría y Análisis Literario C, además de docente secundario y poeta, y Cecilia Eraso (CE), Licenciada en Letras de la UBA y becaria de posgrado por el CONICET, además de poeta y docente del Taller de expresión escrita I de la carrera de Comunicación de la UBA, fue editora de la revista digital El Interpretador.

1- ¿Cuál es el marco metodológico de tu investigación actual?

EDC:Mi investigación actual se propone, en primer lugar, establecer el posicionamiento de los sumarios o compendios de crónicas del siglo XV en el devenir de la historiografía castellana, lo que exige fundamentalmente apelar a la reconstrucción histórica de los diferentes modos de configuración de la historia como discurso. Pero principalmente me interesa considerar los soportes materiales en los que los compendios de crónicas han sido vehiculizados desde su composición hasta nuestros días. En este sentido, los aportes de la historia de la cultura han sido fundamentales para la consideración de tales aspectos materiales y su incidencia en la recepción y reproducción de las obras, aunque insuficientes en la práctica concreta de análisis de los textos. Para esto último he trabajado con la metodología y ciertas categorías de análisis provenientes del análisis del discurso, en particular de la teoría de la enunciación.

FB:El marco metodológico de mi investigación actual es el de las literaturas comparadas, algo requerido por una hipótesis que, inicialmente, partía de un enfoque apegado a la perspectiva de las literaturas nacionales y que, después, se fue abriendo poco a poco hacia un campo más “latinoamericano”. Lo que me propongo revisar es la construcción de la figura del dandy en la literatura argentina y, ahora, en la latinoamericana, revisando que esa misma conceptualización extra-literaria genera las condiciones sociales necesarias para la aparición del autor “moderno” y de una literatura “autónoma”. Cada uno de estos conceptos requiere una clara revisión y el ajuste necesario para poder confrontarlo con la realidad latinoamericana, en alguna medida. Los alcances de esa hipótesis que más me interesan tienen que ver con la posible revisión de una serie de categorías o conceptos que he estado pensando en función de la poesía escrita en los últimos quince años: relaciono allí mi vínculo con esa misma escritura y con mi perfil teórico, reuniendo un costado y otro, no disociándolo.

CE: Mi investigación actual se llama “Sujeto imaginario entre lírica y sociedad en la poesía argentina de los años sesenta: continuidades, cambios y rupturas”. Es una investigación bibliográfica y no consiste tanto en un trabajo de búsqueda de materiales excepcionales sino en profundizar y ampliar el conocimiento ya producido sobre un conjunto de poemas de la poesía de los sesenta en Buenos Aires. El conjunto de autores que tomo y los poemas que selecciono de ellos no es para nada “original” aunque sí propongo valorar a esos poemas junto a los de otros poetas que la crítica suele dejar de lado por “menores”. Como lo que busco es aportar al conocimiento de estos materiales tan trabajados ya por la crítica mi desafío mayor es proponer maneras de leerlos de acuerdo con alguna perspectiva que los revitalice: me concentro en releer, definir y redefinir un corpus, buscar más material crítico y de otras disciplinas, volver a leer los poemas. Lo que busco son modos de validar mis hipótesis de lectura sobre estos poetas y sus poemas y por eso no tomo toda la obra de cada uno de los 13 autores para describirla exhaustivamente sino que selecciono poemas que por diversos motivos pueda considerar paradigmáticos. Intento, en última instancia, trabajar desde un método dialéctico mi investigación para considerar a los materiales literarios, a otros discursos sociales con los que trabajo y a la realidad material y coyuntural con la cual se vinculan siempre de modo conjunto. La puesta en relación entre estas series es el trabajo del crítico que encuentra diversas figuras para leerlas dialécticamente, como dice Jameson que hace Adorno en sus ensayos.

2- ¿Cuáles son las ventajas teóricas y metodológicas que considerás te aportó tu formación de grado, y cuáles son las principales falencias que considerás que tuvo?

EDC:En la Facultad a la que pertenezco, el Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria así como el área de lenguas y literaturas clásicas han tenido un rol más destacado en las diversas actividades de investigación y posgrado (proyectos de investigación, publicaciones, dictado de seminarios, tesis y tesinas, becarios, etc.) y eso redunda en la formación de grado, o al menos así sucedía en mi época, en dos sentidos. Por un lado, con grandes ausencias, como la filología o la gramática tradicional; por otro lado, con una serie de profesores cuyos cursos respondían a elecciones teóricas y metodológicas con lazos de parentesco evidentes entre sí.

FB:En términos de ventajas, creo que la posibilidad de atravesar diferentes enfoques teóricos en cada una de las materias de Teoría, por ejemplo, sirve a la hora de luego definir un acercamiento a determinado objeto. Además, en varias materias encontramos, en los últimos años, el enfoque metodológico propio de las literaturas combinadas, como Literatura del Siglo XIX y XX, en donde tenemos un contacto con los tipos de estudio propios de universidades de la región, como las de Brasil (UFMG). Es ese enfoque el que realmente cumple un papel importante en la posibilidad de pensar un lugar estrictamente crítico de todo lo relacionado a la literatura y las artes.

En cuanto a desventajas metodológicas y teóricas, no creo que haya que encontrar el problema de la falta de investigaciones en falencias de este tipo sino que, muy por el contrario, creo que el principal problema es el de los recursos: desde dinero para las investigaciones hasta bibliotecas mejor organizadas o bases de datos puestas al día. La convivencia de recortes que respondan a períodos históricos o a literaturas nacionales –cada uno respondiendo a un modelo diferente del acercamiento a lo literario- resulta, incluso, sumamente productivo: el futuro licenciado o doctor tiene que estar habituado a los posibles recortes que se pueden realizar sobre un objeto, aunque sería saludable la presencia de más materias enfocadas al paradigma de las literaturas comparadas sin por eso restar la cantidad de materias dedicadas a literaturas nacionales. Una última cuestión: la notable ausencia de literaturas latinoamericanas es un serio problema que una universidad nacional con las características de la UBA tiene que subsanar. ¿Cómo puede ser que en una sola materia se reúnan universos tan diferentes como el de la literatura portuguesa y el de la literatura brasileña? ¿Cómo puede ser que sólo bajo la modalidad de un seminario se pueda revisar la producción literaria paraguaya o peruana? ¿Es tan imposible pensar en una materia dedicada a la literatura boliviana? Esas modificaciones requieren una importante disposición de dinero, una mejor organización y un replanteo de lo que un licenciado en letras de la UBA debe ser.

CE: Ventajas teóricas puedo reconocer muchas, sobre todo la variedad de propuestas que recorrí a lo largo de esos años de formación. Por ejemplo haberme familiarizado tempranamente con teorías complejas como el marxismo de la Escuela de Frankfurt; con el formalismo ruso que me enseñó a leer formas donde yo leía solo contenidos; haber leído la hermenéutica existencial de Gadamer; haber llegado a conocer bien el pensamiento de Bajtín, Voloshinov y de los teóricos de la cultura como Williams. Y sobre todo, para mí, la profundización en el pensamiento estético del romanticismo alemán que me interesa mucho y que tiene tanto para aportar a cualquier reflexión teórica en torno de la poesía.

Desde lo metodológico, la ventaja fue que cada docente me mostró una manera diferente de leer críticamente la literatura y yo pude elegir más tarde lo que más me convenció. Quizás la desventaja sea que muy frecuentemente no se presenta a los alumnos ese modo de trabajar los materiales como un modo entre otros –metodológicamente hablando- y que no se explicita el método como tal. Es decir, la larga y trabajosa serie de presuposiciones propias de la formación de grado en Letras que me tocó.

3- ¿Te parece que la teoría tiene un lugar como campo autónomo en la investigación en Letras?

EDC:En teoría sí, pero no conozco ningún tesista, becario o joven investigador cuyo tema de investigación no se materialice en un corpus determinado de textos.

FB: Sí, y lo afirmo como licenciado dedicado a esa orientación y como docente en Teoría y Análisis Literario. Creo que hay un campo autónomo posible que se solapa constantemente con la crítica literaria, pero que no por eso deja de recortar una serie de problemas medulares para la formación de cualquier profesional. En más de una oportunidad me topo con doctores, doctorandos o jóvenes investigadores preocupados por el desarrollo dentro del campo de la teoría de diferentes postulados que iluminan el acercamiento particular que la universidad, en tanto institución, tiene con respecto a la literatura.

CE: Creo que no mucho, aunque sé que hay algunos proyectos UBACyT que se proponen como tales. Pero en lo que respecta al posgrado, y en comparación con programas de posgrado de EEUU en que los doctorandos pueden proponer proyectos de investigación de “estética”, acá la teoría se entrelaza indisociablemente con el trabajo crítico.

4- ¿Cómo considerás que se justifica tu investigación, o a nivel más general, la investigación en humanidades? ¿te parece que es necesario justificarla?

EDC:Hace un par de años atrás, una compañera que era ayudante de la cátedra de Lógica I quería empezar a trabajar con enunciados contrafácticos, y me dijo, medio en chiste medio en serio, que dejó de preocuparle cómo justificar su tema de investigación cuando me escuchó hablar del mío. Es que el problema de la pertinencia y/o la relevancia de la investigación suele ser un tema sensible en el ámbito de las Humanidades. De manera directa, mi investigación contribuye al desarrollo de la disciplina, y de manera indirecta, se justifica en la vinculación social a través de los lazos que genera el sistema educativo. No estoy muy segura de que justificar una investigación forme parte del orden de lo necesario, pero sí me parece imprescindible cuando las investigaciones están financiadas por fondos del Estado.

FB: No creo necesario justificarla. Entiendo que determinados planteos políticos pueden hacer que, circunstancialmente, haya un mayor apoyo a las ciencias duras con respecto a las humanidades, pero no por eso descarto que la formación en humanidades y el desarrollo de diversas investigaciones en el campo es una tarea fundamental que ninguna política estatal tiene que dejar de lado. Ningún tipo de investigación tiene que plantear una posible aplicación práctica: un poco “adornianamente”, lo que corresponde al campo tiene que conservar su posición crítica sin pensar en una posible implementación en lo inmediato.

En lo que respecta a mi investigación en particular, no la he pensado como algo que implique tener una pata puesta en la posible articulación en el ahora, aunque sí conserva ciertos postulados arqueológicos: revisar la aparición del dandy en el desarrollo histórico de una literatura nacional y ponerlo en perspectiva con respecto a la literatura de la región vuelve sobre determinados problemas de cualquier país latinoamericano: el funcionamiento de la “importación” de formas y la adecuación con respecto a los elementos autóctonos reprimidos o modificados por esa mismo forma, hasta el punto de entender producciones poéticas de los últimos quince años como las de Vicente Luy o, en otro sentido muy diferente, el complejo lugar que ocupa la narrativa de Jorge Asís en la literatura nacional. No puedo determinar si esto es una formulación en torno a una posible aplicación práctica, aunque puede ver sus incipientes articulaciones productivas en el presente.

CE: Es preciso redefinir qué es la investigación en el área de humanidades porque el modo en que las instituciones como CONICET la conciben hoy está demasiado atravesado por los métodos de las ciencias exactas o de otras ciencias sociales. Si bien también nuestro trabajo es recopilar información y analizar datos –en nuestro caso un corpus de textos- en nuestra investigación hay una variable fundamental que es la elaboración escrita de esos resultados que es una instancia más de la propia investigación y no un mero “volcar datos” en un papel. Creo que por esto las nociones de hipótesis y proyectos siempre nos resultan incómodas porque no se adecuan del todo a nuestro modo de investigar que incluye a la tarea de escritura como un momento de dilucidación de lo que se quiere decir o de lo que se puede demostrar. De todos modos, no creo que debamos justificar nuestra tarea o en todo caso, si fuera necesario, habría que revisar procesos sociales más complejos que expliquen por qué nuestra sociedad no valora o pone en cuestión el trabajo en el área de las Humanidades en general.